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Full text of "Juanito y su novia : diablura cómico-lírica en dos actos, divididos en seis cuadros"

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5.£6  3 
ENRIQUE  GARCÍA  ÁLVAREZ  y  ANTONIO  PASO 


luanito  y  su  novia 


DIABLURA  CÓMICO-LÍRICA 


EN  DOS  ACTOS,  DIVIDIDOS  EN  SalS  CUADROS,  ORIGINAL  Y  EN  PROSA 


MÚSICA   DEL   MAESTRO 


£»AB£,0  JUUIV^ 


j£»^t 


Copyright,  by  E.  García  Aivarez  y  A.  Paso,  1918 
SOCIEDAD  DE  AUTORES  ESPAÑOLES 

1919 
3 


Digitized  by  the  Internet  Archive 

in  2012  with  funding  f rom 

University  of  North  Carolina  at  Chapel  Hill 


http://archive.org/details/juanitoysunoviad2093luna 


JUANITO  Y  SU  NOVIA 


Esta  obra  es  propiedad  de  sus  autores,  y  nadie  po- 
dra, sin  bu  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en 
España  ni  en  los  países  con  los  cuales  se  hayan  cele- 
brado, ó  se  celebren  en  adelante,  tratados  internado- 
nales  de  propiedad  literaria. 

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de,  la  Norvege  et  la  Hollando. 

Queda  hecho  el  depósito  qne  marca  1»  Ley. 


JUUITO  Y  SU  NOVIA 

DIABLURA  CÓMICO-LÍRICA 
en  dos  actos,  divididos  en  seis  cuadros 

original  y  en  prosa  de 

ENRIQUE  GARCÍA  ÁLVAREZ  y  ANTONIO  PASO 

música  del  maestro 


¡Estrenada  en  el  TEATRO  DE  A.POLO  el  23  de  diciembre 
de  1918 


-#- 


MADRID 

•R.  Velasoo,  Impresor,  Marqués  de  Santa  Ana,  11,  dup.' 

TELÉFONO,     M    551 

1919 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


PAULITA. 


Srta.  Leonis  (Rosario). 

PRUDENCIA Sra.    Rodríguez. 

RICARDA Srta.  Leonis  (Rafaela). 

DOÑA  CAROLINA Sra.    Revilla 

DOÑA  BÁRBARA Srta.  Moren. 

LA  DE  LA  SUERTE..... _.r Domingo. 

UNA '. Búfala. 

UNA  MAMÁ Sra.    Reparaz. 

ILDEGUNDA Alcázar. 

CAMARERA  1.a Srta.  Asensio. 

JUANITO Sr.      Gallego. 


DON  BENIGNO 

ARTURO 

RIVACOVA 

GAVILANES 

DON  LEÓN 

DON  CASTO 

CÉSAR 

EL  QUINCE 

VENEZUELA 

GITANO  1.° 

ÍDEM  2.° 

CARRASCO 

CAMARERO  1." 

ÍDEM  2.° 

FkAY  CARMELO... 
FRAY  CANDELA . . 
ERAY  CORONADO. 

FRAY  DANIEL 

FRAYEZEQUIEL.. 
FRAY  DOMINGO,.. 

FRAY  MATEO 

UN  TORERO 

MESA 

RAFAEL 

MARINERO  1.° 

ÍDEM  2.° 


Vidal. 

Román. 

Montero. 

Asensio. 

Meana. 

Gutiérrez. 

Segura. 

Yelasco. 

Físcher. 

Segara. 

Galerón. 

García  Valero-.. 

Físcher. 

Gutiérrez. 

Meana. 

Montero. 

García  Valero. 

Román. 

Segura. 

Gutiérrez. 

Galerón. 

lilayna. 

Galerón . 

Yelmo. 
Llayna. 


Una  estudiantina,  viajeros,  viajeras  y  coro  general 


Derecha  e  izquierda,  las  del  actor 


«■k. tAS. 


qp*>*. 


ACTO  PRIMERO 


CUADRO  PRIMERO 

si  a  escena  está  dividida.  A  la  izquierda  un  jardincito,  de  una  casa 
de  la  Prosperidad.  Divide  la  escena  una  tapia,  sin  puerta  y 
que  no  sea  muy  alia,  para  los  efectos  de  escena.  En  el  jardín,  y 
junto  a  la  tapia,  una  escalera  de  tijera.  En  la  izquierda  del  jardín 
puerta  que  comunica  con  el  interior  de  la  casa.  En  este  trozo  de 
escena,  velador  y  sillas  de  mimbre.  La  parte  derecha  del  escena- 
rio, es  una  calle  a  la  que  afluyen  otras.  Ambos  lados  del  foro, 
libres.  Telón  de  fondo  y  detalles  a  juicio  del  pintor. 


ESCENA  PRIMERA 

PAULITA,  PRUDENCIA  y   DOÑA  CAROLINA 

Al  levantarse  el  telón  aparece  Paulita  subida  en  la  escalera  y  senta- 
da en  la  tapia;  doña  Carolina,  en  el  centro  de  la  escena,  con  un  palo 
en  la  mano  hecha  una  furia,  y  Prudencia,  entre  ambas,  poniendo  paz 

Carol.  Baje  usted  de  ahí,  so  mala  hija,  que  la  voy 
a  lisiar. 

Prud.  ¡Por  Dios,  doña  Caro;  cálmese  usted,  que  la 

pobre  do  tiene  la  culpa!  No  todas  las  jóve- 
nes se  saben  dominar  como  yo. 

Carol.  De  ti  debía  tomar  ejemplo  esta  mala  péco- 
ra. Baja. 

Pau.  Pues  tire  usted  el  palo. 

Carol.  (indignada.)  ¡Paula,  baja,  o  como  me  llamo 
Carolina,  que  subo  y  te  tiro  de  cabeza. 

Pau.  Pues  tire  usted  el  palo. 

•Cardl.        Pero,  ¿estás  viendo,  Prudencia? 


GIX'IST 


—  6  — 


PRUD. 

Pau. 
Prud. 
Pau. 
Carol. 


Pau. 

Carol. 

Pau. 

Carol. 

Prud. 


Carol. 
Prud  . 

Carol. 


Pau. 


Carol. 

Pau. 

Carol. 

Pau. 

Carol. 

Pau. 

Carol. 

Pau. 


Carol. 
Pau. 


Baja,  mujer. 
Que  tire  el  palo. 
¡No  seas  cabezona! 
¿Cabezona  yo? 

Sí,  tú,  tú;  desde  hace  dos  años  que  ese  con- 
denado de  Juanito  entró  en  esta  casa,  que 
más  valiera  que  hubiese  entrao  la  grippe. 
Pero,  ¿tengo  yo  la  culpa  de  quererlo  con  toa 
mi  alma? 

¿Qué  oyen  mis  oídos?  Paula,  baja. 
Tire  usté  el  palo. 

Baja;  mira  que  me  va  a  dar  eso  que  me  da, . 
y  como  me  dé,  te  doy. 
Baja,  que  yo  te  respondo  que  no  te  pega;  y 
para  que  te  convenzas,  (a  doña  Carolina.)  déme 
usté  el  palo. 

(Resistiéndose.)  Pero... 

(Quitándoselo  y  tirándole  al  foro.)  Démelo  USté. 

(Paulita  baja.]' 

En  una  de  estas,  se  me  sube  la  sangre  a  la 
cabeza  y  acabo  en  un  manicomio.  Tú,  (a. 

Paulita,  que  ya  ha  bajado.)  tú    me    vas    a  buscar 

una  camisa  de  fuerza.  ¡Mala  hija! 
Es  que  usted  la  ha  tomao  con  el  pobre  Jua- 
nito y  aquí  está  pasando  algo  de  lo  que  le 
pasó  a  usted  con  mi  padre,  que  santa  gloria 
halle.  Acuérdese  usted  las  veces  que  me  ha 
dicho  que  se  casó  con  él  contra  la  voluntad 
de  sus  padres.  ¿Por  qué  lo  hizo  usted?  Pues 
porque  le  había  tocao  en  el  corazón  y  nada 
más.  ¡Como  Juanito  me  ha  tocao  a  mí! 
Es  que  ese  sinvergüenza  no  te  conviene. 
Tampoco  le  convenía  a  usted  mi  padre. 
Es   que  Juanito   no    tiene    dónde    caerse 
muerto. 

Menos  tenía  mi  padre. 
Es  que  además  es  un  fresco. 
Pues  según  usted,  papá  no  fué  ningún  ca- 
lorífero. 

(indignada,  a  Prudencia.)  ¡Estás  viendo!  ¿Dónde 

has  puesto  el  palo? 

Pero,  ¿por  qué  le  insulta  usted,  sabiendo 
que  me  va  a  hacer  daño?  Además,  eso  de 
que  no  tiene  donde  caerse  muerto,  no  es 
verdad.  Su  padre  es  riquísimo. 
(Burlándose.)  ¡Riquísimo! 
Como  usted  lo  oye:  riquísimo.  Tiene  en  Ca- 
narias muchas  fincas,  y  de  ellas  viene  a  Ma- 


_  7  - 

drid  el  plátano  y  viene  el  tomate  y  viene  la 
pina  y  viene  el  coco... 

Carol.  Calla;  que  me  asustas  oyéndote  hablar  así. 
Yo  sé  por  don  Benigno,  su  tío,  con  quien 
vive — como  sabes  aquí — ,  que  el  tal  canario 
apenas  si  bace  caso  de  su  hijo  y  que  está 
hasta  el  pescuezo  de  trampas. 

Pau.  Eso  mismo  dice  el  tío  de  nosotras;  que  yo 

no  le  convengo  porque  usted  no  tiene  más 
que  una  viudedad  mezquina  y  muchos  hu- 
mos de  grandeza,  y  que  por  no  tener  dinero 
vivimos  en  la  Prosperidad. 

Carol.  .  Calla;  calla,  o  te  arranco  la  lengua.  Y  acuér- 
date de  esto,  Paula,  que  te  lo  juro  tal  día 
como  hoy,  Martes  de  Carnaval:  antes  de 
verte  con  Juanito,  te  asesino. 

Prud  Vamos,  doña  Caro,  que  está  usted  obceca- 

da; Paulita  lo  quiere  y  una  usted  al  cariño 
los  pocos  años... 

Carol.  De  su  edad  eres  tú  próximamente  y  no  ha- 
ces tonterías. 

Prud.  Es  que  yo  he  logrado  que  mi  cabeza  mande 

en  mi  corazón;  por  eso  estoy  convencida  de 
que  no  haré  jamás  una  locura. 

Pau.  Pues  chica,  te  envidio. 

CAROL.  Y  es  para  envidiarla.  (Se  siente  por  el  lateral  de- 

recha, primer  término,  o  sea  la   calle,   gran  algarabía 

de  voces  femeninas.)  Pero,  calla,  ¿qué  algarabía 
es  esa? 

( Paulita  sube  por  la  escalera  a  la  tapia.) 

Pau.  (Desde  lo  alto.)  Es  la  Kicarda  y  las  demás 

amigas,  que  han  salido  de  comparsa  y  vie- 
nen a  darnos  broma.  ¡Esas  sí  que  entienden 
la  vidal 

Prud.  ¡Cualquier  día  me  vestía  yo  de  máscara! 

(Suben  ella  y  doña  Carolina,  cada  una  por  un  lado  de 
la  escalera,  y  quedau  las  tres  asomadas  a  la  tapia.) 

ESCENA  II 

DICHAS.  RICARDA,  tiple,  y  diez  segundas  tiples  más.  Visten  figurín, 
con  antifaz.   Salen  primera  derecha 


Todas 


Música 

(A   la   salida,  durante  los  ritornellos  y  al  final,  evolu- 
cionan, siempre  tocando   en  los  laudes  que  llevan.) 

Aquí  llega  esta  patrulla; 


_  8  — 

,        la  comparsa  de  la  bulla, 
que  salió  al  nacer  el  día 
y  va  loca  de  alegría. 
Carolinita,  no  nos  conoces, 
aunque  te  demos  quinientas  voces, 
y  aquí  nos  tienes  tan  a  la  vista; 
eres  muy  mala  fisonomista. 

Ríe.  Aunque  con  nosotras 

siempre  fuiste  ingrata, 
a  darte  venimos 
una  serenata. 
¡Ay,  Carolinita, 
pon' mucha  atención, 
en  la  melodía 
de  nuestra  canciónl 

Carolina,  Carolina: 

es  tu  tez  nacarina, 

son  tus  labios  de  fresa, 

y  tu  frente  más  fina 

que  chapín  de  princesa. 
Todas  Carolina,  Carolina, 

el  perfume  que  exhala 

tu  boquita  preciosa, 

solamente  le  iguala 

el  qué  tiene  la  rosa. 
Ríe.  Si  pides  por  un  beso 

una  libra  esterlina, 

es  caro-caro-caro, 

es  caro,  Carolina. 
Todas  Que  aunque  eres  una  ondina 

y  te  parezca  raro, 

¡ay,  Lina-Lina-Lina, 

es  caro,  caro,  caro. 

Si  me  dejaras  besarte  • 
de  tu  rostro  en  cualquier  parte, 

tú  no  puedes  figurarte 
qué  felicidad. 

Carolina,  Carolina; 

el  perfume  que  exhala 

tu  boquita  preciosa, 

solamente  se  iguala 

al  que  tiene  la  rosa. 

Ríe.  Carolina,  Carolina; 

echan  lava  tus  ojos 
como  lo  echa  el  Vesubio; 


—  9  ^ 

tus  carrillos  son  rojos 

y  tu  pelo  muy  rubio. 
Todas  Carolina,  Carolina, 

debiste  ser  amada 

por  cien  hombres  extraños. 

Eres  una  monada 

de  setenta  y  tres  años. 
Ríe.  Si  pides  por  un  beso 

una  libra  esterlina, 
etc.,  etc. 

Hablado 

CaROL.  (Bajando  de  la  escalera  y  quedando  en    el  jardín  con 

Prudencia,  que  baja    al    mismo    tiempo.)  ¡Demonio 

de  chicas.  ¡Qué  ocurrencia,  disfrazarse  asíl 
Y  no  son  feos  los  trajes. 

RlC .  (Acercándose  a  la  tapia  y  en  voz  baja  a  Paulita.)  He 

visto  a  Juanito  esta  mañana. 
Pau.  (conteniendo  un  grito.)  ¡Ahí  ¿De  veras?  ¿Y  qué 

te  ha  dicho? 
Ríe.  Me  ha  dado  una  carta  para  ti. 

Pau.  Dámela. 

Ríe.  [Cuidado;  no  vuelva  a  asomar  tu  madre! 

Pau.  Ahora  está  entretenida  con  Prudencia. 

Ríe.  (Alargándole  la  carta.)  Toma.  Y  me  encargó  que 

estuvieses  dispuesta  para  lo  que  en  ella  te 

dice. 
Pau.  Gracias,  Ricarda,  gracias. 

Ríe.  (a  sus  compañeras.)  Bueno,  vamonos  a  seguir 

dando  broma. 
Todas         Sí;  vamonos. 
Pau.  Que  sus  divertáis  muchísimo. 

Ríe.  [Adiós,  doña  Carolina! 

Todas         [Adiós! 

(Bis  en  la    orquesta   y   vanse,  cantando,  por    el  foro 
izquierda;  detrás  de  la  casa.) 


ESCENA  m 


PAULITA,  PRUDENCIA  y  DOÑA  CAROLINA 

Carol.  ¡Bendito  Dios,  y  qué  mangas  más  anchas 
deben  tener  ciertas  madres! 

Pau.  (Que  ha  bajado  ya.)  Es  que  no  todas  piensan 

como  usted  y  dejan  a  sus  hijas  que  se  di- 
viertan, porque,  ¿qué  mal  hay  en  ello? 


—  10  — 


Carol. 


Pau. 

Prud. 
Carol. 

Prud. 
Cakol. 


Ahora,  así  al  pronto,  ninguno;  después  es 
cuando...  En  fin,  voy  a  ver  si  ha  venido  la 
criada,  que  cada  vez  que  sale  a  algo  no  se 
acuerda  de  volver.  La  voy  a  tener  que  com- 
prar una  bicicleta.  ¿Venís? 
No;  nos  quedamos  un  ratito.  ¿Verdad,  Pru- 
dencia? 
Como  quieras. 

Pues  ahí  os  quedáis.  Y  sigue  los  consejos 
de  ésta,  que  no  perderás  nada. 
Favor  que  usted  me  hace,  doña  Caro. 

Justicia,    hija,    justicia.    (Entrando    en  la  casa.) 

¡Demonio  de  Juanitol 


ESCENA  IV 

PAULITA  y  PRUDENCIA 


Pau. 


Prud. 
Pau. 
P«ud. 
Pau. 


Prud. 

Pau. 

Prud. 

Pau. 

Prud. 

Pau. 

Prud. 
Pau. 
Prud. 
Pau. 

Prud. 
Pau. 


(Cuando  se  convence  que   su    madre  ha  hecho  mutis,. 

da  un  suspiro  de  satisfacción.)  ¡Ay!  Estaba  de- 
seando que  se  marchase. 
¿Por  qué? 

(con  alegría.)  [Porque  me  ha  escrito  Juanito! 
¿Y  cómo  se  ha  valido  para  que  ..? 
Por  Ricarda,  que  me  la  ha  dado    ahora- 

(Saca  la  carta  y  lee  el  sobre.)  Fíjate:  «Para  Paula 

Lapuérta.» 

¡Ay,  qué  letra  más  preciosa!  ¡Es  redondilla! 
Cá,  hija,  cá;  es  gótica. 
No,  no;  esta  Paula  es  redondilla. 
Pero  la  puerta  es  gótica. 
A  ver,  a  ver,  qué  te  dice. 
(Leyendo  la  carta.)    «Paulita   de  mis  entre- 
telas.» 

¡Uy,  qué  atrocidadl 

Qué,  ¿no  te  ha  llamao  así  nunca  tu  novio? 
¿A  mí  de  sus  entretelas?  ¡Ni  por  el  forrol 
(Leyendo.)  «Paulita  de  mis  entretelas,  de  mi 
vida,  de  mi  corazón  y  de  mi  alma.» 
¡Anda,  hija;  no  te  quejarás! 
(Leyendo.)  «Paula,  no  puedo  coger  el  sueño; 
el  apetito  se  me  va  y  tampoco  lo  puedo  co- 
ger. Amanezco  con  una  palidez  de  pasador 
de  hueso,  que  aterra.  Voy,  lo  que  se  dice, 
derecho  a  una  arterio-esclorosis.  Para  mí  no 
hay  más  que  un  especifico  que  me  curaría,. 


—  11  — 

pero  ¡ay!,  ese  específico  se  llama  Paulita 
Lapuerta  y  no  me  lo  quieren  dar.» 

Prud.  ¡Pobrecillo! 

Pau.  «Figúrate  con  qué  gusto  lo  tomaría  yo:  en 

ayunas,  antes  de  comer,  a  cucharadas,  be- 
biendo en  el  frasco...» 

Prud.  ¡Qué  bruto! 

Pau.  «Tu  madre  por  un  lado  y  mi  tío  Benigno 

por  otro,  son  contrarios  a  esa  medicina,  y 
como  yo  me  muero,  antes  de  hincar  el  pico 
he  decidido  taptarte.» 

Prud.  ¡Jesús,  María  y  José! 

Pau.  «Si  me  quieres,  no  te  opondrás  a  la  fuga. 

Piensa  que  es  nuestra  felicidad.  A  las  cua- 
tro y  veinte  oirás  por  la  parte  de  la  tapia, 
tres  toques  de  bocina;  soy  yo,  que  llegaré  en 
un  40-Mercedes  por  ti.  Cogeremos  el  correo 
de  Andalucía  y  a  Cádiz;  en  Cádiz  el  vapor 
y  a  Canarias;  y  en  Canarias,  me  echaré  a 
las  plantas  de  mi  padre,  le  regaré  si  es  pre- 
ciso con  mis  lágrimas  las  plantas,  y  él,  que 
me  quiere  con  locura,  nos  perdonará  y  nos 
casará,  y  una  vez  casados,  me  voy  a  estar 
tomando  el  específico  a  todas  horas.  Paula, 
no  titubees.  Paula,  no  vaciles.  Paula,  son 
tres  toques.  Si  no  escalas  la  tapia  y  huyes 
conmigo,  es  que  no  me  quieres,  y  de  la  ta- 
pia me  iré  a  tomarme  un  tubo  de  pastillas 
de  sublimado.  Adiós:  tu  pasional,  Juanito 
Lacalle.»  (pausa.)  ¡Y  qué  hacer,  Dios  mío! 
Si  no  accedo  a  escaparme  con  él,  se  enve- 
nena, y  si  me  escapo... 

Prud.  ¿ Serías  capaz? 

Pau.  Después  de  todo,  si  me  escapo,  es  para  ser 

su  mujer  como  Dios  manda. 

Prud  .  ¡  Ay,  Paulita,  que  estoy  viendo  que  escalas 

la  tapia! 

Pau.  (indecisa.)  No  sé,  no  sé...  Ya  ti  es  inútil  pe- 

dirte consejo,  porque  con  tu   manera  de 

pensar...  ^Ea   este  momento    se   oyen    por  la  lateral 
derecha  tres  toques    de    bocina  de  automóvil.)  ¡DÍOS 

mío!  ¡¡El,  con  el  40-MercedesI! 
Prud.  ¡Paula,  piensa  lo  que  vas  a  hacer! 

Pau.  Déjame.  Me  he  quedao,  que  mira:  (Le  da  la 

mano.)  el  mármol,  es  un  sinapismo  a  milao. 

(Queda  pensativa.   Prudencia    figura  que  la  aconseja.) 


12   — 


ESCENA  V 


DICHAS.  Sale    JUANITO  por  la  primera  derecha.  Viene  montado  en 
una  burra  y  colgada  del  cuello  una  bocina  de  automóvil 

-JtJA .  (Sale  y    queda    montado,    frente    a   la  tapia.)  ]  Arre, 

Mercedes!  ¡Arre,  Mercedes!  Esta  burra  anda 
menos  que  un  galápago,  y  ya  no  tengo  fuer- 
zas para  arrear.  Las  palabras  se  me  parten 
en  la  boca,  y  arre...  arre...  Bien  sabe  Dios 
que  vengo  arre...  pentido  y  que  quisiera  que 
todo  estuviera  arre...  glado,  porque  no  lo 
puedo  remediar:  como  corto,  soy  más  corto 
que  una  chaquetilla  de  torero,  pero  me  he 
enamorado  de  Paulita  de  un  modo,  que  si 
no  me  caso  con  ella,  me  da  un  arre...  chu- 
cho, (ai  animal.)  ¡Arre...  burra!  Me  choca  que 
no  esté  ya  encima  de  la  tapia,  porque  esta 
bocina  se  siente  desde  las  Catacumbas  de 
Roma.  Se  va  a  sorprender  cuando  me  vea 
en  esta  burra,  pero  cuando  le  diga  el  moti- 
vo, lo  encontrará  lógico.  Por  el  40-Mercedes, 
me  pedían  a  cinco  duros  la  hora;  y  por  Mer- 
cedes, (La  burra)  me  llevan  una  veinticinco 
por  día  y  medio.  Me  parece  que  si  tengo  un 
momento  de  vacilación  en  decidirme  por  el 
vehículo,  soy  un  idiota.  Además,  que  con 
esta  burra  que  no  anda  y  esta  bocina  tan 
escandalosa,  no  hay  miedo  de  que  atropelle 
ni  a  un  paralítico,  y  siempre  es  un  consue- 
lo. (Vuelve  a  tocar  la  bocina.) 

•Pau.  ¿No  lo  yes?  ¡Me  está  llamando! 

Prud.  Déjalo  que  toque;  él  ee  cansará  y  se  irá.  Va- 

monos nosotras  adentro. 

Pau.  No,  Prudencia,  no;  si  lo  dejo  que  se  vaya,  se 

mata. 

Prud.  Que  se  mate. 

Pau.  Tú  dices  eso  porque  no  es  tu  novio  el  que 

está  ahí  fuera. 

Jua.  ¡Caray!...  ¿Si  estará  en  el  interior?  (vuelve  a 

tocar.) 

Pau.  (Nerviosa.)  Nada,  que  me  voy  y  sea  lo  que 

Dios  quiera.  Anda;  ayúdame  a  subir. 

Prud.  ¿Tú  lo  has  pensado  bien? 

Pau.  Estas  cosas  no  se  piensan.  Comprende  que 

¿cómo  le  dejo  que  esté  ahí  tocando  solo,  para 


'—  18  - 
que  se  desespere?  No,  no;  arriba,  (sube  por  la 

escalera  a  la  tapia.)  ¡A  jajá!  (Desde  lo  alto  de  la  tapia,. 
pero  sin  mirarle.)  ¡Juanito! 

Jua.  [Paulita!  Pero,  oye:  ¿es  que  estabas  sestean- 

do? 

Pau.  Estaba...  (Fijándose.)    Pero,  oye,  ¿es  ese  el 

cuarenta  caballos  que  me  decías? 

Jua.  Este  es  el  uno  bono;  pero  ya  te  lo  explica- 

ré más  despacio.  Anda,  déjate  caer,  que  mis 
brazos  amantes  te  esperao. 

Pau.  Oye,  Juanito,  ¿y  si  me  caigo? 

Jua.  Si  te  caes,  te  has  caído. 

Pau.  ¡Claro! 

Jua.  Digo,  que  te  has  caído,  porque  si  te  lesio- 

nas, en  vez  de  llevarte  a  la  felicidad,  te  voy 
a  tener  que  llevar  a  la  Policlínica.  Pero,  no 
ocurrirá.  Anda,  descuélgate,  que  el  tiempo 
es  metal  argentino. 

Pau.  Voy.  Adiós,  Prudencia;  que  seas  tú  también 

feliz,  como  yo  voy  a  serlo. 

Prud.  Adiós,  loca. 

(Paula  se  dispone  a  bajar  por  la  parte  de  fuera,  como 
es  natural.) 
JüA.  (Mirando    hacia    la    derecha.)    Espera,    que  viene 

alguien.  (Paula  vuelve  a  esconderse  por  el  lado  del 
jardín.)  La  pobre  tiene  un  miedo  cerval;  cree 
que  va  a  caer  y  no  sabe  que  estando  yo 
aquí,  no  cae.  Pero  que  no  cae. 


ESCENA  VI 

DICHOS,  LA  DE  LA  SUERTE,  vendedora  de  décimos    que   sale  por 
la  primera  derecha 

Suerte       (Acercándose  a  juanito.)  ¡Señorito,  que  puede 

Caer.  (Ofreciéndole  el  décimo.) 

Jua.  ¡Que  no  cael 

Suerte       Fíjese:  el  dos  mil  dos. 
Jua.  Cá... 

Suerte       ¿Cómo  que  no? 

Jua.  Digo,  que  es  ca...  picúa,  caramba,  que  no- 

dejas  acabar. 
Suerte        ¿Es  bonito,  verdad? 
Jua.  i  Precioso!  ¡Qué  lástimal 

Suerte       ¿No  lleva  usté  suelto? 
Jua.  No  llevo  suelto  más  que  el  burro,  por  mor 

.   de  la  bocina,  fíjate. 


—  14  — 

Suerte       ¡Qué  graciosa!  ¿Y  cómo  le  ha  dao  a  usté  la 

idea  de  disfrazarse  asi? 
Jua.  Que  soy  monomaniaco.  Y  anda,  vete  a  ver 

si  expendes  ese  capicúa,  que  conmigo  no 

hay  porvenir. 

SUERTE  (Haciendo  el  mutis  por   el  foro  izquierda,  voceando.) 

¡La  suerte!  ¡EJ  gordo  para  mañana! 


ESCENA  VII 

PAULA,  PRUDENCIA,  JUANITO.  Después  UNO  y  UNA 

Jua.  ¡Maldita  sea!  ¿A  que  van  a  empezar  a  pasar 

ahora?...  ¡No,  si  no  me  la  llevo!  Si  tengo  una 
pata  desde  la  una  de  la  noche  del  cinco  de 
febrero  de  mil  novecientos  dos,  que  fué 
cuando  asomé  la  gaita  al  mundol  Lo  mejor 
es  que  eche  pie  a  tierra,  porque  así  puedo 

ver  mejor.  (Se  apea  de  la  burra,  hacia  va  el  foro  y 
mira  a  ambos  lados.)  ¡Nadie!  (Avanza  a  la  tapia  y 
toca  la  bocina.) 

Pau.  Ya  vuelve  a  avisar. 

Prud.  Anda,  vete  de  una  vez. 

(juauito  vuelve  a  tocer.) 

Pau.  (En  la  tapia.)  ¡Chist!...  ¡No  toques  más,  que 

aquí  me  tienes!  , 
Jua.  Es  que  estoy  nervioso,  y  sin  querer  oprimo 

la  pera. 
Pau.  ¿Quién  era? 

Jua.  Una  billetera. 

Pau.  ¿Bajo? 

lüAN  Espera  Un  momento,  a  ver.  (Mira  hacia  la  dere- 

cha.) ¡Quieta,  que  viene  un  hombre!  No;  se 
ha  parado  en  la  puerta  de  aquel  hotel  y  está 
hablando  con  la  dueña.  ¡Es  un  gran  tipo! 

PAU.  ¿Bajo?  (Por  ella.) 

Jua  .  Alto.  (Por  el  individuo  en  cuestión.) 

Pau.  Que  si  bajo. 

JUA.  ¡Ah,  SÍ;  bajá  sin  miedo!  (Paula  salta  la  tapia  y  se 

descuelga  por  el  otro  lado;    cuando    ya  está  casi  para 

tocar  el  suelo  le  grita  juanito:  ¡Encarámate,  que 
viene  una  pareja! 

PAU.  No  puedo.  (Haciendo  esfuerzos.) 

Jua .  ¡Una  pareja!  ¡Y  nos  van  a  ver!  ¡Estamos  per- 

didosl 

Pau.  (colgada  de  la  tapia.)  ¡Ay,  Juanito,  que  no  pue- 

do, que  no  tengo  fuerzas! 


—  16  — 
Jua.  Ya  está  aquí.  ¡Perdidos!  ¡Perdidos!  (corre  a 

ocultarse  detrás  de  la  burra.    De    izquierda  a  derecha 
del  foro,  pasan  muy  amartelados,  Uno  y  Una.) 
UNO  (Al  ver  el   cuadro  de   Paula  y  Juanito.)  Mira:  esos 

van  a  hacer  lo  que  acabamos  de  hacer  nos- 
otros. 
Una  ¡Qué  sean  felices! 

(Desaparecen.) 
JüA.  Ya  Se  han    ido.    (Acercándose   a    Paula.)   Anda, 

dé]ate  caer  sin  miedo. 
Pau.  (pisando  tierra.)  |Qué  susto  he  llevado!  Oye  ¿la 

pareja  era  de  seguridad? 
Jua.  El,  no  sé;  pero  ella  no  debe  ser  de  mucha 

seguridad! 

PRUD.  (Que  se  asoma   por   lo  alto  de  la  tapia.)  ¡Que  locil- 

ra,  Dios  mío;  qué  locura! 

Jua.  (Asustado.)  ¡Caray,  qué  susto  me  he  llevado! 

Grel  que  era  tu  madre. 

Pau.  Es  Prudencia;  no  teugas  miedo. 

Jua  .  Bueno;  monta,  que  no  hay  tiempo  que  per- 

der. (Hincando  una  rodilla  en  tierra,  junto  a  la  bu- 
rra.) 

Pau.  ¿Qué  haces? 

Jua.  De  rodillas  y  a  tus  pies,  para  servirte  de 

apoyo  en  la  subida. 
Pau.  ¡Eres  muy  galante! 

Jua.  Siempre  lo  fué  don  Juanito. 

(Al  apoyarse  Paula,  para  subir,  resbala  y  está  a  punto 
de  caer.  Luego  coge  a  Juanito  de  la  mano  y  avanzan 
al  proscenio.) 

Pau.  ¿Me  respetarás  durante  el  viaje? 

-Jua.  Te  lo  juro,  como  me  llamo  juanito  Laca- 

lie. 

Pau.  ¿Y  te  casarás  conmigo? 

Jüa.  De  aquí  sales  solamente  Paula  Lapuerta; 

pero  al  llegar  a  Canarias,  serás  Lapuerta  de 
Lacalle. 

PaU.  Pues  arriba.  (Ayudada    por   Juanito,    monta    en  la 

burra.) 
PrUD.-  (Llorosa   y  en  lo    alto    de   la   tapia.)  ¡Qué  locura, 

Dios  mío;  qué  locura! 
Pau.  (Ya  en  la  burra.)  ¡Adiós,  Prudencial 

PRnD.  (Fuerte.)  Adiós,  Paula,  adiós! 

Jua  .  ¡Prudencia! 

Prud.  ¿Q11^  quiere  usted? 

Jua.  Digo,  que  prudencia;  que  no  solloces  tan 

fuerte,  mujer. 
Pau.  (Marchando.)  ¡Adiós,  adiós! 


—  16  - 

Jüa.  (Tirando  dr  la  burra)  ¡Arre,  Mercedes! 

Pad.  ¡Arre,  burra  1 

JüA .  (A Prudencia.)  Arre...  VUar.  (Mutis  primera  derecha.) 

ESCENA  VIII " 

PRUDENCIA,  subida  en  la  tapia,  agitando'  el  pañuelo.  Después,  foro- 
derecha.  ARTURO,  teniente  de  infantería 

Prud.  ¡Adiós!. .  ¡Adiós!  ¡Pobre  Paula!...  ¡Qué  locura 

hace!  ¡Escaparse  con  un  hombrel  Si  a  mí 
me  lo  propusiese  mi  novio,  yo  creo  que  le 
arañaba.  Dar  yo  un  disgustoa  mi  madre  para 
que  se  muriera  como  se  murió  mi  abuela; 
cuando  se  fugó  mi  madre!  ¡¡Nunca!!  Prime- 
ro es  mi  madre. 

ART.  (Que  atraviesa  la  escena,  se  fija  en  Prudencia  y  avan. 

za.)  ¡Prudencial 

Prud.  ¡Mi  novio! 

Art.  Pero,  chiquilla,  ¿qué  haces  ahí? 

Prud.  Que  acabo  de  presenciar  lo  más  horroroso 

que  puedes  figurarte.  Mi  amiga  Paulita, 
Dios  la  perdone,  que  acaba  de  escaparse  con 
su  novio. 

Art.  (Riendo.)  ¡¡áí  que  te  habrá  sentado  el  espec- 

táculo!... ¡Tú,  que  tanto  abominas  de  los  que 
se  escapan!  Como  que  yo  no  te  lo  he  pro- 
puesto porque  le  he  oído  decir  a  tu  prima 
Asunción  que  era  lo  suficiente  para  que  me 
odiaras. 

Prud.  ¡Cómo,  cómo!  ¿Quién  te  ha  dicho  eso? 

Art,  Tu  prima. 

Prud.  Mi  prima  es  una  liosa  y  en  cuanto  la  vea,  le 

voy  a  decir  dos  frescas. 

Art.  ¡Ah!  pero  ¿tú  te  escaparías  conmigo? 

Prud.  ¡Escaparme  contigo!  Propónmelo  si  eres  va- 

liente; anda,  propónmelo. 

Art.  (Aparte.)  ¡Me  va  a  tirar  un  ladrillo,  pero  por 

hacerla  rabiar...  (Alto.)  Pues  bien,  señorita 
Prudencia  del  Todo;  ¿se  quiere  usted  esca- 
par con  este  teniente  que  la  idolatra?  (se 

cubre  la  tara  con  el  brazo.)  (Ahora  me  lo  tira.) 
(Prudencia  se  descuelga  como  una  centella  por  la  tapia, 
llega  hasta  Arturo    y  a¿,'arr<ijdole  de  uu   braco,  dice.) 

Prud.  Anda;  vamonos,  rico  mío.         '■ 

Art.  (¡Mi  comandantel  ¡Pues  sí  se  escapa!  ¡Qué 

conflicto!  ¿Y  qué  hago  con  la  otra?) 


—  17  - 
PRUD.  ¡Anda!  (Tirando  de  él.) 

Art.  Te  advierto  que  yo  no  me  puedo  casar  bas- 

to que  sea  capitán,  y  me  faltan  seis  años. 

Prtjd.  Seis  años  se  pasan  en  un  vuelo.  Anda;  va- 

monos.. 

Art.  Por  mí... 

(inician  el  mutis  foro  izquierda.) 

Prud.  ¡Gracias  a  Dios!  Creí  que  no  te  ibas  a  decidir 

nunca.  (üesrparecen  ) 


ESCENA  IX 


DOÑA  CAROLINA  y  DON  BENIGNO  del  interior  de  la  casa,   él  trae 
un  garrote  en  la  mano 

CarüL.  (Desde  dentro,  dando  voces  como  una  loca.)]Paula!... 

¡Paulita!...  ¡¡Paula!!  (salen.)  ¡Eh!...  ¿No  está? 

Ben.  No  se  canFe  usted,  doña  Carolina. Lo  que  me 

anuncia  en  esta  carta,  el  mequetrefe  de  mi 
sobrino,  es  un  hecho. 

Carol.        ¡Escaparse  ella! 

Ben.  Ño  siento  más  que  se  me  ha  llevado  mil  pe- 

setas, y  eso  le  pone,  por  lo  pronto,  fuera  del 

$  ¡$  alcance  de  mi  garrote.  ¡Ah,  pero  yo  le  coge- 

ré! 

Carol.        Como  yo  a  ella.  ¡Mala  hija! 

Ben.  ¡Casarse  él  con  Paulita! 

Carol.  ¡Casarse  ella  con  Juanito!  Vamos  pronto; 
pronto.  Hay  que  cogerlos  antes  de  que...  ¡Je- 
sús me  valga!  Si  la  tuviera  que  casar  a  la 
fuerza,-  me  moría. 

Ben.  Pues  yo,  reventaba.    Figúrese  usted   que, 

según  carta  que  he  recibido,  ha  muerto  su 
padre. 

Carol.  Pero...  ¿ha  muerto  su  padre?  ¡Es  lo  que  me 
faltaba!  Pronto;  vamos,  don  Benigno;  va- 
mos. ¡Cada  minuto  que  pase  es  un  peligrol 
¡Muerto  su  padre! 

Ben.  Y  que  le  deja,  limpios  de  todo  gravamen, 

dos  millones  de  pesetas. 

Carol.        ¡¡Dos  millones!! 

Ben.  Como  suena.  Conque,  vamos;  vamos  en  se- 

guida. 

CarOL.  (Cambiando    la   nerviosidad    por    una-  gran    calma.) 

¿Dónde? 
Ben.  A  cogerlos. 

Carol.        ¿Pero,  ¿qué  prisa  corre! 

2 


—  18  — 

Ben.  ¡Cada  minuto  que  pase,  es  un  peligro! 

Carol.        (¡A  mí,  lo  que  me  conviene  ahora  es  que  no 

los  coja,  y  yo  hago  por  detener  a  este  tío; 

vaya  si  lo  hago!) 
Ben.  En  marcha. 

•CAROL.  En    marcha,    SÍ.   ¡Ay!    (Fingiendo    un  desvaneci- 

miento.) 

Ben.  ¿Qué  le  pasa  a  usted? 

Carol.         JNo  sé;  la  noticia...  la  fuga...  la  muerte...  ¡Ay, 

don  Benigno,  cójame  usted,  que  me  pongo 

muy  mala! 
Ben.  Señora,  por  Dios;  no  se  desmaye  usted,  que 

el  tiempo  es  oro. 
Carol.         ¡Ay,  que  todo  me  da  vueltas!  ¡Ay,  que  todo 

me  zumba!...  ¡Ay,  que  me  zumba!  ¡¡Ay!!  (cae, 

fingiendo  un  desmayo,  en  los  brazos  de  don  Benigno, 
al  que  sujeta  fuertemente.) 

Ben.  ¡Mi  madre!  ¡Ha  perdido  el  conocimiento!  Y 

no  siento  eso,  si  no  que  se  me  ha  agarrado 
como  una  lapa.  ¡Qué  barbaridad!  (intentando 
soltarse.)  ¡Se  me  ha  estañado! 

Carol.         (¡En  seguida  te  suelto!) 

Ben.  ¡Ah,  pero  yo  cogeré  a  mi  sobrino!  ¡Esos  dos 

millones,  los  tengo  yo  que  administrarl 

(Cuadro.  Música  en  la  orquesta.) 
(Telón  rápido  de  entre  cuadro.) 

MUTACIÓN 


CUADRO  SEGUNDO 


Telón  corto  de  calle 


ESCENA  ÚNICA 

Por  la  derecha  EL  15,  guardia  de  Seguridad  exageradamente  feo,  ti- 

ando  del  ramal  de  la  burra,  en  la  que  va  montada  PAULITA.  A  au 

rado  viene    JUANITO.   Después,  y  siempre   por   la    derecha,  VENE- 

1ZDELA,  muchacho  elegante  y  los   GITANOS  1.°  y  2.°,  chalanes  o 

traficantes  en  ganado 


El  15  (saliendo.)  Nada,  nada;  a  la  Comisaría. 

Jüa.  Por  lo  que  usted  más  quiera,  don...  don 

guardia,  que  siega  usted  en  flor  la  felicidad 

de  dos  seres  amartelados. 


-    19    - 

'El  15  ¡A  la  Comisaría! 

Pau.  ¡Que  hace  usted  trizas  nuestra  felicidad! 

El  15  ¡A  la  Comisaría! 

-  Jüa.  (¡Maldita  sea!  ¡Si  no  fuera  por  ese  pedazo  de 

sable  y  ese  revólver!...) 

Pau.  (¡Ya,  ya!  ¡Parece  que  va  a  tomar  una  forta- 

leza!) 

Jua.  (| Y  que  no  transige!) 

Pau.  (Es  de  cemento.) 

Jua.  (¡Pero  de  cemento  armao!) 

El  15  Vamos,  que  no  tengo  tiempo  que  perder. 

Jua.  Oiga  usté,  ¿la  burra  también  va  detenida? 

El  15  ¡También! 

Jua  .  ¡Qué  animal! 

El  15  ¡Cuidadito  con  las  palabrasl 

J  ua  .  Si  digo  que  qué  animal  más  desgraciado. 

PaU.  (Llamando  aparte  a  Juan.)    (Oye,   tú,    que    yo  no 

voy  detenida,  porque  si  avisan  a  mi  madr 
y  me  pesca,  me  mete  en  el  convento  de  Ma- 
dres Redentoras) 

■  Jua.  ¡Pero  tú,  cómo  vas  a  ser  madre  con  quince 

añosl 

i  Pau.  ¡Mira  que  me  lo  tiene  jurao! 

Jua.  Bueno,  espérate,  que  voy  a  ver  si  catequizo 

a  esta  escayola  con  teresiana.  Gime  un  poco. 

(Paula  solloza.) 

El  15  ¿Qué  le  pasa  a  la  joven? 

-  Jua.  Que  es  algo  nurótica  y  claro,  no  quiere  ir  a 

la  Comisaría,  porque  si  la  coge  su  madre,  la 
martiriza  y  la  tiene  a  pan  y  agua.  Y  además 
la  quiere  casar  con  un  viejo  que...  ¿Usté  ve 
lo  feo  que  es  usté? 

El  15  Que  soy  un  rato. 

Pau.  Pues  más  feo. 

El  15  | Pues  si  eH  más  feo  que  yo,  es  una  herejía!... 

Jua.  Verdad  que  sí,  señor  don...  ¿Cómo  se  llama 

usted? 

El  15  Ambrosio  Quiñones;  pero  en  el  cuerpo  soy 

más  conocido  por  el  apodo. 

Jua.  Ah,  ¿sí?  ¿Y  cómo  le  apodan  a  usted? 

El  15  l<a  niña  bonita. 

Jua.  ¡¡Mi  madre!! 

El  15  Fíjense  ustedes  en  el  número  que  tengo. 

.jíT:    |E116- 

El  15  ¿Se  percatan  del  por  qué  del  remoquete? 

Jua  .  Percatados. 

El  15  Pues  andando,  (inicia  el  mutis:) 


—  20  — 

Pau.  (¡Ay,  Juanita!  ¿Por  qué  no  le  das  dinero,  a 

ver  si...) 
Jua.  Porque  no  llevo  más  que  lo  necesario  para 

llegar  a  Canarias  y... 

VEN.  (Sale,  y  al  llegar  al  grupo  se  para  asombrado.)  ¡Jua- 

nito! 
Jua.  (Venezuela! 

(Se  abrazan.) 

Ven.  Pero  ¿qué  haces  aquí? 

Jua.  Pues  ya  lo  ves.  Aquí,  con  esta  joven,  con 

este  animal,  (Por  el  burro,  como  es  de  comprender.) 
y  COn  este  OtrO.  (Por  el  guardia.) 

Ven.  Es  una  máscara,  ¿verdad? 

Jua.  Es  un  guardia  auténtico. 

Ven.  Pues  si  no  me  lo  adviertes,  meto  la  pata. 

Jua.  (iluminado  por  uDa  idea.)  Oye,  Venezuela,  ¿quie- 

res hacerme  un  favor  inmenso? 
Ven.  ¡No  faltaba  más!...  ¡Lo  que  quieras! 

El  15  VamOS.  (Tratando  de  seguir  el  camino.) 

Jua.  Un  segundo,  (a.  Venezuela.)  Pues,  que  ahora, 

te  despides  de  nosotros,  y  cuando  estés  a 
veinte  pasos,  te  vuelves  y  me  preguntas  en 
alta  voz:  «¿Y  si  no  los  hay  de  quinientas 
pesetas?»  Y  yo  te  contestaré:  «Pues  de  seis- 
cientas; o  de  lo  que  sea.»  Y  en  seguida  te 
vas  como  una  bala. 

Ven.  ¿Nada  más  que  eso? 

Jua.  Nada  más. 

Ven.  Pues  hasta  luego.  Adiós,  señorita.  Adiós, 

guardia.  (Hace  mutis  por  la  izquierda.) 

El  15  Vaya  con  Dios. 

VEN.  (Desde  dentro.  En  alta  voz.)  ¡Ah!...    Oye,    Juani- 

to,  ¿y  si  no  los  hay  de  quinientas? 

Jua.  (Gritando.)  Pues  de  seiscientas  o  de  lo  que 

sea.  Y  ya  lo  sabes:  me  lo  llevas  a  la  Comisa- 
ría de  Chamberí. 

Pau.  Pero  ¿qué  has  hecho? 

Jua.  (con  naturalidad.)  Nada;  aue  le  he  dado  mil 

pesetas  para  que  vaya  a  una  relojería  de 
lujo  y  compre  a  este  bonísimo  guardia,  una 
repetición  de  oro  con  rubíes. 

El  15  Pero,  ¿cómo?  ¿Qué  ha  hecho  usté? 

Jua.«,  No  me  diga  usté  nada,  guardia;  ese  reloj  se 

lo  regalo  yo  a  usté  porque  me  da  la  gana. 
¡Por  niña  bonita! 

El  15  ¡Una  repetición!  Vamos,  que  no.  Y  además, 

que  a  ese  pollo  puede  que  le  engañen. 

Jua.  Eso, sí;  porque  es  algo  tonto. 


—  21  — 

j£l,  15  ¿Tonto?...  No;  yo  VOy.   (Sale  corriendo  por  la  iz- 

quierda, llamando.)  ¡Joven!...  ¡Joven!...  (Mutis.) 

Jua.  (a  Paula.)  Anda;  corre,  antes  de  que  se  dé 

Cuenta  y  Vuelva.  (Tirando  de  la  burra.) 

Pau.  Sí;  pero  lo  que  es  al  paso  de  esta  burra... 

JUA,  ¡Es  verdadl  (Sugerido  por  una  idea    al  ver  que  se 

aproxima  gente.)  Calla.  Apéate  y  di  que  no. 

Paü.  (Obedeciendo.)  ¿Cómo? 

Pau.  Di  que  no. 

Jua.  (Fingiendo.  En  voz  alta.)  Pues  no,  no  y  no. 

(Salen  los  (4itanos  1.°  y  2.°  y  atraviesan  la  escena.) 

Jua.  Pues  sí,  sí  y  sí.  La  burra  la  vendo  yo  ahora 

mismo  y  la  voy  a  dar  tirada. 

■  GlT.  1.0         (Deteniéndose  y  volviendo.)  ¿Ha8  0Í0?  (Aparte   a  su 
compañera.) 
GlT.  2.0         (Al  1.°)  (¡Déjame  a  mí!)  (Se  acerca  a  Juan.) 

Pau.  Que  no  la  vendes. 

Git.  2.o  «¿Cuánto  quiere  usté  por  este  pergamino? 

Jua.  Cinco  duros. 

Git.  2.o  (¡Cinco  duros!) 

Gtt.  l.o  (¡Una  ganga!) 

GlT.  2.0         (Cállate.)  (Entregándole  a  Juan  un  billete  de  Banco.) 

Ahí  va  un  billete. 

JUA .  (Entregándole  la  burra.)  Y  ahí  Va  el  COrcel. 

Git.  l.o       (ai  2.0)  (¡Arrea,  antes  de  que  se  arrepienta!) 
Git.  3.o       (ai  i.°)(¡Y  antes  que  note  que  el  billete  es 
falso!) 

(Vanie  por  la  izquierda  llevando  la  burra. 

Jua.  (a  Paula.)  Ves:  cinco  duros  y  nos  hemos  za- 

fao  del  guardia. 

Pau.  A  la  estación. 

Jua.  A  la  estación,  pero  en  coche.  Con  este  bille- 

te tenemos  para  la  merienda  y  el  simón. 

(Vanse  corriendo  por  la  derecha.) 


MUTACIÓN  A  LA  VISTA 


22  — 


CUADRO  TERCERO 

£1  teatro  representa  la  sala-restaurant  de  la  fonda  de  la  estación  de 
Arquillo-Baeza.  Mesa  grande  en  el  centro.  Cuatro  mesitas:  dos  a  • 
cada  lado.  Todas  están  preparadas  con  mantelería,  vajilla,  crista- 
lería, etc.  Mostrador  en  el  ángulo  de  la  izquierda.  Puerta  en  la  - 
primera  izquierda  que  da  paso  a  la  cocina,  y  otra  grande  al  foro  ■ 
con  una  figurada  a  cada  lado;  por  las  tres  se  verá  el  andén  con  i 
un  tren  formado, 


ESCENA  ÚNICA 

Todos  los  personajes  que  se  indican  en  el  diálogo 

(Al  levantarse  el  telón  aparecen  RIVACOBA,  viajante 
catalán,  y  GAVILANES,  andaluz,  sentados,  comiendo 
en  la  piimera  mesa  de  la  derecha.  CARRASCO,  encar- 
gado del  mostrador,  en  su  puesto.  CAMAREROS  1.° 
y  2  o  cerca  del  mostiador.  Se  oye  el  ruido  de  un  tren 
que  sale.) 

Car.  ¿Qué  tren  sale? 

Cam.  l.o      El  mercancías  quinientos  cuarenta. 
Car.  Ya  poco  puede  tardar  el  correo  descenden- 

te.,. m 
Cam.  2.°      Si  viene  a  su  hora,  muy  poco. 

(Pequeña  pausa.) 

Cam.  l.o      Oiga  usted,  señor  Carrasco. 

Car.  ¿Qué  te  ocurre? 

Cam.  l.o  Estoy  asombrao  de  ver  lo  que  trajela  aquel 
señor  catalán  que  está  con  aquel  otro  anda 
luz. 

Car.  ¿Es  cubierto  o  carta? 

Cam.  l.o  ¡Es...  el  delirio!  Ahora  la  ha  tomao  con  la 
fruta  y  se  lleva  comidas  ocho  mondarinas 
diez  plátanos  y  veintitré3  Claudias. 

Cam.  2.o '    ¡Qué  tiol 

Cam.  l.o  Lo  meten  en  un  huerto  grande  y  deja  el  te- 
rreno pa  un  hipódromo. 

Rv.  (a  Gavilanes.)  Apa,  noy,  con  otra  mondarina, 

que  están  que  deleitan. 

Gav.  Oye,  tú,  Rivacoba,  que  éste  es  el  cuarto  fru- 

tero. 

Riv.  Ascolta,  ¿y  qué?  ¡Como  si  fuera  el  désimol 


—  23  ~ 

Yo,  cuando  convido  a  comer  a  un  amigo, 
no  le  pongo  tasa,  ¿sabe? 

Gav.  Pero,  entonces,  cuando  te  pedí  las  dos  pese 

tas  en  el  andén,  ¿por  qué  me  dijiste  que  te- 
nias los  bolsillos  como  si  te  los  hubieran 
limpiao  con  Sidol? 

Riv.  ¡OnI  Mira,  porque  eso  es  tan  veritat  como 

que  yo  soy  de  Castellfullit. 

Gav.  Pues  si  te  entiendo,  permita  Dios  que  vaya 

a  un  cine  y  me  toque  al  lao  un  párroco. 

Riv .  Pues  la  cosa  es  más  clara  que  este  valdepe- 

ñas. Yo  te  convido  aquí,  porque  aquí  no 
pago. 

Gav.  ¿Tienes  abono? 

Riv.  Lo  que  tengo  es  una  imaginasión  que  si 

nazco  en  Chicago  me  chuflo  de  Wilson. 

Gav.  Oye,  explícame,  porque  me  has  intrigao. 

Riv.  Sencillísimo.  Ya  sabes  que  yo  corro  la  casa 

Foscadellas,  Gatuellas,  Mirueñas  y  Compa- 
ñía, de  Tarragona,  que  en  géneros  de  punto 
está  en  la  veleta  de  las  nasiones. 

Gav.  No  sabía... 

Riv.  Ahí  llevo  el  muestrario;  ahora  te  fijarás  con 

qué  puntos  corro.  Pues,  como  te  desía,  la 
ca?a  Foscadellas,  Gatuellas... 

Gav.  Etcétera. 

Riv.  Me  abona  el  ferrocarril  y  la  fonda  de  las 

capitales,  villas  y  pueblos  que  recorro;  pero 
no  así  si  gasto  de  Miranda,  Medina,  Bobadi- 
11a  y  demás  estasiones  culinarias;  y  en  vista 
de  eso,  se  me  ocurrió  el  diesiocho  de  agosto 
una  idea,  que  estoy  mucho  más  gordo  delu- 
de entonses. 

Gav.  ¿Cuál? 

Rsv.  La  de  comer  gratis. 

Gav.  ¿Y  de  qué  ingeniosidad  te  vales? 

RlV.  (Coge  el  bolso    d«  mano  y  saca  con   cuidado,  sin  que 

lo  vean  los  mozos,  una  campauilla  igual  a  las  que 
usan  los  mozos  para  dar  la  salida  al  tren.)  De  és  ta. 

Gav.  ¡Una  campanilla! 

RlV.  No  alses  la  VOZ  y  escucha.  (Guarda  el  artefacto.) 

Yo  entro  en  la  fouda  de  la  estasión  y  nun- 
ca pido  el  cubierto,  ¿sabes?  Siempre  nam- 
bíes, jamón,  ternera,  pollastres...  Los  viaje 
ros  se  atracan  de  la  sopa,  y  cuando  van  a 
tomar  el  segundo  plato,  saco  disimulada- 
mente la  campanilla  y  la  agito,  y  ¿tú  has 
visto  el  pánico  que  se  arma  cuando  se  da 


-  24  — 

una  vos  de  alarma  entre  una  muchedum- 
bre? Pues  es  pálido.  Los  viajeros  se  levan- 
tan despavoridos,  creyendo  que  pierden  el 
ferrocarril;  los  camareros  corren  detrás,  in- 
dicándoles que  debe  ser  una  equivocasión... 
¡Un  desastre!...  Yo  me  aprovecho  del  bulli- 
sio,  me  escurro,  y  hasta  otra. 

Gav.  Pues  no  sabes  lo  qne  te  agradezco  que  me 

lo  hayas  dicho,  porque  si  no  me  avisas  y  me 
quedo  aquí,  tengo  que  heredar  para  pagar 
lo  que  nos  hemos  comido. 

Riv.  Hoy  tenemos  tiempo,  porque  espero  al  co- 

rreo de  Andalusía;  de  modo  que  tomaremos 

Café.  (Llamando.)  ÁSColta,  mOSO. 

Cam.  1.a      ¿Qué  desean? 

Riv.  Dos  de  caracolillo.  ]Ah!  Y  dos  copitas  de 

doña  María  Brisará.  ¿No  te  párese? 
Gav.  Como  quieras.  ¡Pa  lo  que  te  va  a  costar! 

(El  Camarero  1.°  sirve  en  seguida  lo  pedido.) 

Car.  (ai  camarero  2.o)  ¿Hag  encargado  que  esté  la 

sopa  muy  caliente? 
Cam.  2.o      Sí,  señor. 
Car.  No  vaya  a  pasar  lo  que  ayer;  que  la  sacaron 

templada  y  les  dio  tiempo  de  comerse  todo 

el  Cubierto.  (se  oye  fuera  el  pito  del  tren;  poco  des- 
pués el  ruido,  que  irá  haciéndose  mayor,  y  per  último 

la  llegada  del  tren.)  Ya  está  ahí  el  descendente. 

(Los  Camareros  se  preparan  para   servir.    Se    oye  una 

voz  que  dice:  ¡Baeza!  ¡Cambio  de  tren  para 
Granada  y  Almería!  ¡Fondal  Empiezan  a  entrar 

viajeros.  Una  MADRE  con  dos  NIÑOS;  un  SEÑOR 
muy  grueso  eou  una  SEÑORA;  un  matrimonio  y  mu- 
chos más  viajeros,  a  gusto  de  la  dirección  escénica.  Los 
antedichos  toman  asiento  a  la  mesa  grande.  Un 
SACERDOTE,  en  la  mesa  segnnda  de  la  izquierda;  dos 
ALUMNOS  de  la  Academia  de  Infantería,  en  la  segun- 
da de  la  derecha.  Los  últimos  JUANITO  y  PAULA, 
que  se  sientan  en  la  primera  de  la  izquierda.  Juanito 
lleva  colgada  la  bocina.  Los  Camareros  se  multiplican 
en  servir.  Procúrese  dar  al  cuadro  los  mayores  visos 
de  la  realidad.) 

Madre  Andad,  hijos,  y  darse  prisita,  no  vayamos  a 
perder  el  tren,  como  la  otra  vez. 

Señor  (a  su  esposa.)  Iliegunda,  que  no  te  recrees  en 
la  vinagreta  si  quieres  que  tengamos  tiem- 
po de  tomar  café. 

(Los  Camareros  sirven  la  sopa,  que  echará  un  humo 
horrible.) 


—  25  — 

CiM.  I.»  (sirviendo  sopa.)  ¿El  cubierto,  verdad? 

Señor  El  cubierto. 

Cam.  l.o  (a  otro.)  ¿Cubierto  o  carta? 

Uno  Cubierto. 

JUA.      .  (Saliendo  enfurecido.)  Que  SÍ.  • 

PaU.  (Llorosa.)  QuO  no. 

(Se  sientan.) 

Jua.  Que  te  digo  que  sí. 

Pau.  Que  te  digo  que  no. 

Jua.  ¡Maldita  sea! 

Pau.  ¡Juanita! 

Jüa  .  ¿Qué? 

Pau.  Que  yo  te  juro  que  no  he  mirado  a  ese  alum- 

no de  Toledo. 

-Jua.  Pues  yo  te  juro  que  sí,  que  le  has  mirado,  y 

a  mí  esas  cositas,  no;  porque  si  hoy  sin  ca- 
sarnos y  con  quince  año?  que  tienes  empie- 
zas a  mirar  a  los  alumnos,  a  los  treinta  años 
te  desatas  en  cuanto  te  mire  un  teniente  co- 
ronel. 

Pau.  Juanito,  no  me  digas  eso,  porque  yo  no  soy 

coqueta. 

Jua.  Que  te  digo  que  tú  has  mirado  a  ese  alum- 

no... 

Pau.  ¿A.  cuál? 

Jua.  De  esos  dos,  al  que  tiene  quitada  la  gorra. 

Cam.  l.o       (Que  sirviendo  llega  al  lado  de  Juan.)    El  cubierto, 

¿verdad? 
Jüa.  No,  señor;  el  que  tiene  quitada  la  gorra. 

(Dándose  cuenta.)  ¡Ah,  eí,  lo  que  sea!  Y  pronto; 
que  como  traemos  retraso  nos  marcharemos 
en  seguiüa. 

Cam.  l.o  Tienen  tiempo.  (Sirve  y  sigue  con  su  compañero 
atendiendo  a  todos,  entrando  y  saliendo  deprisa  por  la 
primera  izquierda.) 

Tor.  ¡Mi  madre!.. .  ¡Esto  está  hirviendo! 

Pau.  (sollozando.)  Puesto  que  dudas  de  mí,  sácame 

un  tercsra  para  Madrid,  que  yo  me  voy  con 

mi  madre,  aunque  me  mate. 
Jua.  ¡Paulita,  no  me  amargues  la  sopa! 

Pau.  (Llorando  más  fuerte.)  Yo  no  soy  digna  de  ti. 

Jua  .  Paulita,  no  digas  que  no  eres  digna  a  gritos, 

que  miran  los  viajeros. 
Pau.  Ño;  no  soy  digna. 

Jua.  ([Pobrecillal  He  estado  algo  duro  con  ella.) 

Vamos,  Paulita,  perdóname  y  come. 
_Pau.  (sollozando.)  Pues  retira  eso  que  has  dicho  del 

teniente  coronel. 


—  26  — 

Jüa.  Bueno:  el  teniente  coronel,  retirado. 

(se  ponen  a  comer.) 
RlV .  (A  Gavilanes,  deapués  de  una  pequeña  pausa.)  (Este 

es  el  momento.)  (Saca  con  disimulo  la  campanilla 
y 'toca  lo  mismo  que  se  toca  en  las  estaciones.  El  ba- 
rullo que  se  mueve  es  indescriptible.) 

Madre        (Gritando)  ¡Hijos,  hijos,   que  lo  perdemosi 

(Corre  al  andén  arrastrando  a  lss  niños.) 

Jua  .  ¿No  lo  decía  yo?  (ídem.) 

Señor         Ildegunda,  que  se  va. 

Car.  (saliendo  del  mostrador.)  [Calma,  señores,  cal- 

ma! ¡Debe  ser  una  equivocación!  ¿Quién  ha 
tocado  esa  campanilla? 

Camareros  ¡Que  no  es  posible!  ¡Que  es  un  error! 

(Todos  corren  atropellando  a  Carrasco  y  los  Camare- 
ros. Caen  fuentes,  sillas,  servicio,  etc.  Mucbo  barullo. 
Cuadro.  Telón  de  entre  cuadro.  Música  en  la  orques- 
ta y 

MUTACIÓN 


CUADRO   CUARTO 

Una  habitación  en  una  fonda  de  Cádiz.  A  cada  lado  cama  elegante; 
al  lado  mesilla  de  noche  con  aparato  de  luz  con  llave.  En  el  cen- 
tro del  foro  lavabo  tocador  con  todo  el  servicio.  En  el  de  escena, 
una  mesa.  La  primera  derecha  es  la  puerta  de  entrada  a  la  habi- 
tación y  la  primera  izquierda  es  un  balcón  practicable.  Muebles  y 
detalles  a  juicio.  Sobre  una  silla  y  al  lado  de  la  cama  derecha  la 
bocina  de  Juanito. 


ESCENA  PRIMERA 

Al  levantarse  el  telón,  JUANITO,  en  mangas  de    camisa,  está    sobre 

una  mesa  que  tapia  la  puerta  de  entrada  colocando    una   silla.  PAU- 

LITA  le  mira  asombrada 

Paú.  Juanito,  no  pongas  más  cosas,  que  se  van  a 

venir  abajo." 
Jua.  Dame  tu  mesilla  de  noche. 

Pau.  ¡Pero,  hombre,  por  la  Virgen  santísima! 

Jua.  Dame  tu  mesilla.  Toda*  las  precauciones 

son  pocas. 

Pau.  (Le  entrega  la  de  la  derecha  y  Juanito  la  coloca  sobre 

la  silla.)  Toma  y  anda,  bájate,  que  es  la  una  y 


—  27  — 

media  de  la  noche  y  a  las  dos  quiero  estar 
durmiendo. 

JüA.  ¿Has  dicho  a  las    dos?    (Preparándose  a   saltar.) 

Pues  a  la  una. 

Pau.  No,  a  las  dos. 

Jua.  A  la  una,  a  las  dos,  y  a  las  tres,  (salta.) 

Pau.  Bueno:  ¿me  quieres  explicar  por  qué  tantas 

precauciones? 

Jua.  Porque...  no  te  lo  quería  decir;  pero  me  pa- 

rece que  tu  madre  y  mi  tío  están  en  Cá- 
diz. 

Pau.  (Dando  un  grito.)  ¡Dios  mío!  ¿Pero  cómo  es  po- 

sible? ¡Hubieran  venido  en  el  tren  con  nos- 
otros! 

Jua  .  Si  tomaron  el  exprés,  llegaron  antes. 

Pau.  |Ay,  si  nos  cogen!  ¡A  mí  me  mata  mi  ma- 

dre! 

Jua.  Pues,  ¿y  mi  tío?  Me  lisia.  Pero  no  tengas 

miedo,  porque  yo,  precaviéndolo  todo,  me 
he  apuntado  en  el  libro  de  viajeros  con  el 
pomposo  nombre  de  don  Homobono  Cien- 
fuegos  Tres  Picos  de  Montesa;  ya  ti  te  he 
puesto  doña  Eusebia  Cienfuegos,  etcétera, 
etcétera.  [Cualquiera,  con  estos  nombrecitos, 
sospecha  que  somos  nosotros! 

Paü.  Sí;  pero  si  nos  oüeran. 

Jüa.  No  nos  olen,  créeme  a  mí. 

Pau.  ¡Ay,  si  mi  madre  asomase  ahora  por  esa 

puerta! 

Jua.  ¡Cállate,  Paulita!  De  pensar  que  a  mi  tío  le 

diese  la  ocurrencia  de  dar  unos  golpecitoss 
es  que... 

(Dan  tres  golpes  fuertes  en  la  puerta.) 
Paü.  (Temblando.)  ¡Jesús! 

Jua.  ¡María! 

UNA  VOZ        (Fuera.  Llamando.)  ¡José! 
JüA.  (Extrañado.)  |Eh!  (Va  a  abrir.) 

Pau.  No  abras,  JuaDito;  no  abras. 

Jüa  .  Pero  ¿no  has  oído? 

Paü.  Que  puede  ser  una  estratagema. 

(Dan  suevos  golpes  y  se  oys  la  misma  voz  que 
grita.) 

Voz  ¡Josél 

Jüa'.  ¿Quién? 

Voz  De  parte  de  tu  tío  y  de  tu  madre,  que  es 

inútil  que  te  encierres. 
Paü.  ¡En! 

Jua.  Pero  ¿a  quién  busca  usted? 


—  28  - 

"Vez  Pero  ¿no  está  ahí  encerrao  el  sobrino  del 

dueño  de  la  fonda? 

Jua  .  No,  señor.  Esta  habitación  está  ocupada  por 

don  Homobono  Cienfuegos  Tres  Picos  de 
Montesa  y  doña  Eusebia  ídem  ídem  de 
ídem. 

Voz  Usted  perdone;  pero  es  que  me  he  equivo- 

cado. Se  habrá  metido  en  el  quince. 

Jua  .  Está  usted  perdonado.  |Y  cuidadito  con  que 

se  nos  moleste  otra  vez! 

Voz  No,  señor;  descuide. 

Pau.  ¡Ay,  qué  susto  he  pasao! 

Jua  .  Pues  hay  que  tener  valor;  mírame  a  mí. 

Pau.  Pero  si  estás  temblando. 

Jua.  Sí;  pero  es  de  rabia,  (pequeña  pausa.)  Bueno, 

anda,  desnúdate  y  métete  en  la  cama. 

Pau.  ¿Desnudarme?  ¡Sí,  sí!  Hasta  que  nos  echen 

las  bendiciones  no  me  desnudo. 

Jua.  ¡Mira  que  se  te  va  a  caer  la  ropa  a  pedazos! 

No  seas  tonta  y  desnúdate. 

Pau.  Que  no;  que  yo  me  echo  vestida.  Ahora  ve- 

rás. (?e  echa  en  la  cama  de  la  derecha.) 

Jua  .  Bueno,  bueno;  como  quieras,  (se  dirige  hacia  la 

otra  cama  y  empieza  a  desnudarse.)  Verdadera- 
mente Paulita  es  muy  buena  y  muy  honra- 
da y  muy  ruborosa  y  muy  precavida,  y  a 
mí  me  conviene  para  mujer,  porque  va  a 
ser  una  mujer  de  su  casa,  (se  persigna.)  Con 
el  Santísimo  Sumo  Pontífice  me  acuesto. 
'  Con  el  Santísimo  oumo  Pontífice  me  levan- 
to. Por  la  señal  de  la  Santa  Cruz...  ¡En  qué 
poco  tiempo  nos  hemos  gastado  quinientas 
pesetas!  ¡Claro!  Los  viajes,  las  fondas...  A 
este  paso...  ¡Santa  Madre  de  Dios!...  Con  tal 
de  que  me  alcance  para  los  pasajes...  (Está 

ya  en  calzoncillos,  y  al  irse  a  acostar  se  detiene.) 
Voy  a  Ver  SÍ  se  ha  dormido.  (Se  acerca  de  pun- 
tillas a  la  cama   de  Paulita.)  Sí;    Se    ha    dormido. 

¡Qué  rica  está,  con  los  parpaditos  cerrados, 
la  boquita  entreabierta!...  ¡Caray,  cómo  le 
sube  el  pecho!...  ¡Qué  fuerte  respiral...  ¡Ay, 
Paulita;  bien  puedes  decir  que  soy  un  mu- 
chacho ejemplar  y  que  te  adoro,  que  si  no... 

PaU.  (incorporándose  rápidamente.)  ¿Que  SÍ  no  qué? 

Jua.  ¡Ah!  ¿Pero  estabas  despierta? 

Pau.  Sí.  Y  haz  el  favor  de  no  ponerte  delante  de 

mí  con  esos  calzoncillos  tan  raros,  ¡so  inde- 
coroso! 


—  29  — 
Jüa.  Bueno,  mujer;  que  descanses,  (se  vuelve  a  su 

cama.  Se  hinca  de  rodillas  y  dice.)  Un  Padrenues- 
tro por  el  alma  de  mi  querido  abuelo,  (pe- 
pueña  pausa.  Figura  que  reza  por  lo  bajo.  Al  ruido  de 
él  se  une  el  ruido  de   la    orquesla,  que   figura  ser  un 

moscón.)  ¡Caray! 

Música 

¿Soy  yo  o  es  un  mosquito?  ¡A.  ver!  ¡Es  un 
moscón!  ¡Dios  mío,  qué  mala  patal  No,  pues 

yo  le  sacudo.  (Da  un  golpe  con  una  bota  en  un 
mueble.  Paulita  se  incorpora  asustada.) 

Cantado 


(Duram-i  el  número  Juanito  se  viste  y  luego  persigue 

al  moscón  por  toda   la    escena,   dando    golpes    con  la 

toalla.  Paulita  le  imita:  persiguiéndole  con  una  de  las- 

almohadas.) 

Pau. 

¿Qué  pasa,  Juanito? 

JUA. 

Silencio,  por  Dios, 

que  creo  que  estamos 

perdidos  los  dos. 

Pau. 

¿Perdidos? 

Jüa. 

Perdidos. 

Paü. 

Perdidos,  ¿por  qué? 

Jüa. 

Cállate,  que  luego 

te  lo  explicaré. 

Pau. 

Dime  lo  que  ocurre; 

dímelo,  Juanín. 

JüA. 

Cállate,  Paulita, 

no  grites  así. 

Pau. 

Que  estoy  muy  nerviosa; 

ten  piedad  de  mí. 

JüA. 

Cállate,  Paulita, 

no  grites  así. 

Pau. 

Pues  di  lo  que  pasa. 

Jüa. 

Una  perdición; 

un  moscón  que  hay  dentro                 ; 

de  la  habitación. 

Pau. 

(Asustada.) 

¡Un  moscón! 

Jua. 

¡Un  moscón! 

Pau. 

¡Dentro  de  la  habitación! 

Jua. 

Cállate.  Ven  aquí. 

Sigúeme  con  precaución.                   i 

Pau. 

¡Ven  en  nuestra 

—  30  * 

Virgencita  mía 

de  la  Concepciónl 
Jua.  Yo  agarro  esta  toalla  (Del  tocador.) 

y  tií'con  ese  chai; 

verás  cuando  se  pare: 

para  una  parroquial. 
Pau.  Juanito,  date  prisa; 

mátalo  sin  compasión; 

pues  si  esto  dura  mucho 

yo  me  muero  de  aprensión. 
Jüa.  Quieta,  que  ya  lo  he  visto. 

Pau.  Dime  dónde  está. 

Jüa  .  De  ésta  no  te  escapas; 

no  tendré  piedad. 

¡Para  que  te  rasques! 

(Da  un  golpe  con  la  toalla  en  el  tocador,  tirando  jar: o 
y  algún  cacharro  de  metal.) 

Pau.  ¡Qué  barbaridad! 

Jua.  Ahora  va  de  veras. 

¡Toma,  so  ladrón, 

por  entrometido! 

(Da  otro  golpe  sobre  el  velador  del  centro,  tirando  algo 
al  suelo.) 

Pau.  ¡Qué  estupefacción! 

¡Ay,  Juanito;  no  lo  matas! 
No  lo  matas;  ya  verás. 
Jua  .  Si  con  la  toalla  no  le  atizo, 

pues  le  arrimo  dos  patas. 

¡Ahí  está! 

¡Mírale! 

(Dando  un  golpe  al  vacío  y  simulando  que    lo   arroja 
al  suelo.) 

¡Granuja! 
¡¡Lo  matél! 

Hablado 

-Jua.  Ahí  lo  tienes;  completamente  cadáver. 

Pau.  ¡Sí  que  nos  ha  dado  un  ratito!... 

-Jua.  Y  que  si  no  le  mato  no  pego  un  ojo. 

Pau.  Bueno;  pues  ahoja,  a  pegarlo. 

•Jua.  Hasta  mañana,  cielo. 

Pau.  Hasta  mañana,  vida. 

(Se  echan  en  sus  respectivas  camas,  Juanito    apaga  la 
luz.  Momento  de  pausa.) 

Jua.  ¡Paulital 

Pau.  ¿Qué? 


31  - 

Jua  .  ¿Estás  dormida? 

Paü.  Si.  ¿Y  tú? 

Jua.  También.  Ahora,  que  yo  estoy  rezando  por- 

que acabe  nuestra  odisea  y  seamos  felices. 

Paü.  ¿Rezando?  ¿Pero  tú  sabes  rezar? 

Jua.  ¿Que  si  sé?  ¡Una  barbaridadl 

Pau.  Tú  no  sabes  ni  en  cuántos  días  hizo  Dios  el 

mundo. 

Jüa.  ¿Que  no?  Fíjate.  El  primero  hizo  el  Sol,  la 

Luna  y  las  estrella^;  el  segundo  hizo  la  tie- 
rra, y  el  tercero  hizo  el  mediterráneo,  el 
Cantábrico  y  el  Pacífico  y  se  acostó  rendido 
diciendo:  «Hoy  he  hecho  la  mar.-»  ¿Me  oyes? 

Pau.  ¡Yo  qué  voy  a  oir  esos  disparate.-! 

Jua.  ¡Ay!  Si  estuviéramos  ya  casados,  no  esta- 

ríamos tú  ahí  y  yo  aquí. 

Pau.  Claro. 

Jua.  Estaríamos  yo  ahí  y  tú  aquí.  Digo,  yo  aquí 

y  tú  ahí.  ¡No  sé  lo  que  me  digo!  ¿Me  oyes? 

Pau.  Sí. 

Jua  .  Y  una  vez  casados,  te  cogería  por  la  cintura 

y  te  empezaría  a  dar  abrazos  y  besos  y... 
¿Me  oyes? 

Pau.  No;  y  duérmete,  que  hay  que  embarcar  para 

Canarias. 

-Jua.  ¡Llevas  razón!  (pausa.)  ¡Canarias!  ¡Qué  ganas 

tengo  de  verme  allí  para  siempre...  Tú  te 
harás  canaria...  yo,  jilguero... 

( Pausa.  Música  en  la  orquesta.) 


ESCENA  II 

PAULA,  JUANITO,  DOÑA  CAROLINA  y  DON  BENIGNO 

Hablado  sobre  la  música 

(Después  de  la  pausa  se  oyen  sobre  la  puerta  unos 
golpes  espantosos,  que  hacen  temblar  la  barricada 
puesta  por  Juanito  y  la  voz  de) 

IBen.  (Gritando.)  ¡Abre,  granujón! 

-JUA.  (Da  luz  y  salta  de  la  cama,  acabando  de  vestirse  pre- 

cipitadamente.) ¡Mi  tío! 
Carol.        ¡Abre,  mala  hija! 
Pau.  (imitando  a  Juan.)  ¡Mi  madre! . 

Ben.  ¡Abre,  o  echo  la  puerta  abajo! 

Pau.  ¡Ay,  Juanito,  estamos  perdidos!  ¡Mi  madre 

me  mata! 


—  32  — 

Jua.  ¡Mi  tío  me  degüella! 

Ben.  ¡Abre,  o  pongo  un  cartucho  de  dinamita 

para  que  voléis! 

JüA.  (Como  bí  se  le  ocurriese  una  idea.)   ESO    es   lo  que 

VamOS  a  hacer:  Volar.  (Se  dirige  al  balcón,  lo 
abre  y  mira  a  la  calle.)  Total,  Unos  CUatrO  me- 
tros. (Coge  las  sábanas  de  su  cama  j  ata  una  a  otra.) 

Pau.  ¿Qué  haces? 

Jua.  Entre  morir  a  manos  de  esas  dos  fieras  o 

dejarme  la  masa  en  las  baldosas,  me  quedo 
sin  masa. 

Ben.  ¡Abre,  bandido! 

Pau.  ¡Dios  mío,  la  puerta  va  cediendo! 

Jua.  fues  no  hay  tiempo  que  perder.  Anda,  des- 

cuélgate. 

Pau.  ¿Estás  loco? 

Jua  .  No  tengas  cuidado.  La  sábana  parece  fuerte, 

y  amarrada  a  la  barandilla  no  hay  peligro. 

Pau.  Me  da  mucho  miedo. 

Jua.  O  te  descuelgas  o  me  tiro  de  cabeza  y  me 

estrello. 

Pau.  No;  eso,  no. 

Jua.  Pues  aprisa,  que  van  a  entrar.  Mi  bocina. 

(La  coge.) 

Pau.  (Entrando  ai  balcón.)  ¡Dios  mío  que  resista  la 

puerta! 

Jua.  (ídem.)  ¡Dios  mío,  que  resista  la  sábana!  (Mu- 

tis.) 

(Siguen  los  golpes.  La  puerta  cede;  cae  toda  la  barri- 
cada y  entran  doña  Carolina  y  don  Benigno.) 

Ben.  ¡Al  fin!...  ¡Granujas! 

Carol.         ¡Eh!...  ¡No  están! 

Ben.  Mire  usted  debajo  de  las  camas. 

Carol.         (Registrando.)  Nada;  no  están. 

Ben.  ¿Por  dónde  pueden  haber  huido?  ¡Ah!  ¡El 

balcón!  (corre  a  él.)  ¡Sí!  Mire  usted;  por  aquí 
se  han  descolgado.  ¡Ah!  Pero  yo  los  cogeré. 

(corre  hacia  la  puerta  en  cuyo  momento  se  oyen  por 
el  lado  del  balcón  toques    de  bociua.)   ¡Maldición! 

¡Se  van  en  automóvil! 
Carol.        (¡Me  alegro.) 
Ben.  ¡Cuando  ya  los  tenía  en  mis  manos! 

(Suena  lejos  la  bocina  y  más  rápido.) 

Carol.         ¡Deben  ir  a  noventa  por  hora! 
Ben.  ¡Maldita  sea  mi  sombra! 

(Cuadro.  Fuerte  en  la  orquesta  y  telón  rápido.) 


FIN  DEL  ACTO    PRIMERO 


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ACTO  SEGUNDO 


CUADRO  PRIMERO 

Fs  una  terraza  del  Club  Náutico  de  Algeciras  que  entra  en  el  mar. 
Es  de  madera,  y  el  partir  de  la  tercera  caia,  tanto  por  la  derecha 
como  por  la  izquierda,  tiene  barandillas.  En  el  foro  también  ba- 
randillas; pero  hacia  la  derecha  hay  un  hueco  de  -donde  nace  una 
escalera  oue  figera  baja  al  mar.  Toda  la  terraza  está  adornada 
con  banderas,  plantas,  etc.  En  ella  hay  veladores,  sillas  de  mim- 
bre, etc.  En  el  costado  izquierda  del  foro  hay  varios  botes,  qne 
pueden  ser  pintados,  menos  uno,  que  será  de  cartón  imitando 
madera,  para  el  efecto  que  se  verá.  Al  lado  hay  varios  pescante» 
sobre  el  mar.  Es  de  día.  Al  foro  el  Mediterráneo. 


ESCENA  PRIMERA 

Al  levantarse  el  telón,  MESA,    camarero,  de  frac,  y  RAFAEL,  cama- 
rero también,  arreglan  mesas  y  sillones 

Raf.  De  modo  que  va  a  ser  una  fiesta... 

Mesa  ¡El  desiderátum!  ¡Lo  que  se  dice  el  deside- 

rátum! Con  su  poquito  de  fantasía  y  too. 

Raf.  Y  es  en  honor  de  ese  tío  de  tanta  fuerza^ 

¿verdá? 

Mesa  De  ese;  del  presidente  del  Atleta  Club. 

Raf.  ¿Y  qué  tiene  que  ver  ese  Atleta  Club  con 

este  Cluo  Náutico? 

Mesa  To  son  Gluses.  Lo  que  te  digo  es  que  basta  a 

las  camareras  les  han  hecho  un  uniforme 
que  están  para  un  abordaje.  Y  a  nosotros 
nos  van  a  vestir  lo  mismo. 


—  34  — 

Raf.  ¿A  mí?  Yo  ya  transijo  con  el  fraque  porque 

el  puchero  es  un  relicario;  pero  de  otra  cosa 
no  hay  quien  me  vista  a  mí. 

Mesa  Mira;  ahí  viene  nuestro  Presidente  con  el 

tío  ese  de  la  fuerza  y  su  señora. 

(Pasan  a  la  izquierda.) 


ESCENA  II 


DICHOS,  LEÓN,  tipo  de  atleta,  melenudo  y  fornido.  BARBARA,  su 
señora,  de  unos  cincuenta  años,  pero  muy  pintarrajeada  y  presu- 
miendo que  es  un  delirio,  y  DON  CASTO,  presidente  del  Club  Tüáutl- 
co,  marino  retirado.  Viste  del  día,  sin  exageración  ni  ridiculeces. 
Salen  por  la  izquierda 


Casto 
León 

Bar. 

Casto 
León 

Casto 


Bar. 


Mesa 

Bar. 

Raf. 

Bar. 

Mesa 


Bar. 
Raf. 


Bar. 


¡Fíjense! ..  ¡Fíjense  en  el  panorama! 
¡Brutal!  ¡Enormemente  brutal! ¿Verdad,  Bár- 
bara? 

¡Un  panorama  de  ensueño!  ¿Verdad,  León? 
¿Les  gusta? 

Es  una  perspectiva  de  fuerza,  de  mucha 
fuerza. 

Pues  vengan  por  este  costado  y  les  gustará 
aun  más. 

(se  dirigeu  a  la  lateral  derecha  y  se  asoman  por  último 
termino  a  la  barandilla.  Don  Casto  señala  con  la 
mano  y  León  hace  ademán  de  asombro.  Bárbara  apro- 
vecha el  entusiasmo  de  su  esposo  y  avanza  a  la  bate- 
ría y  con  una  coquetería  ridicula  dice  a  los  camare- 
ros.) 

Oigan:  ¿y  ese  otro  compañero  de  ustedes, 
bajito,  rechoncho,  los  ojos  color  de  uva  mos- 
catel, el  pelo  en  baudós  y-la  boca  como  un 
piñón  pin  tostar? 
La  señora  pregunta  por  Juanito. 
Eeo;  Juanito. 
Está  loco. 
¿Cómo  loco? 

Loco,  enseñándoles  a  las  chicas  un  orfeón 
que  ha  compuesto,  dedicarlo  al  mar,  y  que 
se  va  a  cantar  en  la  fiesta  en  honor  de  uste- 
des. 

¿Es  artista  también? 

Es  de  todo.  Aquí  le  ha  caído  en  gracia  a 
los  señores  de  la  Directiva  y  hace  lo  que 
quiere. 
¿Lleva  mucho  tiempo  en  este  Club  Náutico? 


—  35  — 

Mesa  No  llega  a  la  semana.  Vino  solicitando  en- 

trar de  cualquier  cosa,  porque  se  conoce 
que  de  aquí  (Acción  de  dinero.)  no  andaba 
bien. 

Bar.  Gracias.  (Es  un  desheredado  de  la  fortuna  y 

yo  he  de  hacer  todo  lo  que  pueda  por  ese 
bibelote  náutico.) 

León  (Entre  cajas.)  Bárbara,  ven,  mira. 

BáR.  Voy,  León,  VOy.  (Mutis  por  donde  lo  hicieron  León 

y  Casto,  o  sea  fondo  derecha  ) 

Mesa  Pa  mi  que  esta  señora  está  loca  por  el  Jua- 

nito  ese. 

Raf.  Pues  si  se  lo  huele  el  marido,  lo  desencua- 

derna. Anda;  vamos  p'allá. 

(Vanse  detrás.) 


ESCENA  III 

Por    la   izquierda   JUANITO,    de  marinero,    con    una    bandeja  en  la 

mano  y  en  ella  una  botella,  y  copas.  Al  salir  se  sienta   en    una   silla, 

junto  a  un  velad  ir,  teniendo  la  mesa  a  la  izquierda,  y   durante  todo 

el  monólogo  tendrá  la  bandeja  levantada  en  la  mano 

Jüa.  Yo  no  puedo  más.  ¡Es  mucho  sufrir  el  míol 

¡Y  claro,  como  soy  tan  joven,  me  da  una 
barbaridad  de  miedo  suicidarme.  ¡Ay,  Pau- 
lita,  Paulita!  ¡Qué  odisea  de,-de  que  te  mon- 
té en  la  burra  hasta  ahora!  Cuando  nos  ti- 
ramos por  el  balcón  perseguidos  por  mi  tío 
y  su  madre,  calmos  encima  de  una  mujer 
que  vendía  tegeringos,  y  a  poco  la  aplasta- 
mos. Yo  la  pedí  perdón  y  la  dije:  Señora, 
siento  mucho  que  la  hayamos  a  usté  tege- 
ringao,  pero  ha  sido  sin  intención.  Y  acto 
seguido  corrimos  tocando  la  bocina  para 
que  nuestros  perseguidores  creyeran  que 
nos  escapábamos  en  un  Panard.  Al  rayar  el 
día  pensamos  en  embarcar  para  Canarias,  y 
nos  fuimos  al  muelle;  pero  poner  pie  en  el 
muelle  y  dar  un  salto,  todo  fué  uno.  Allí 
estaban  ellos,  implacables,  esperando  que 
llegásemos  para  devorarnos.  Procurando 
que  no  nos  vieran  hablé  con  un  tal  Pedro, 
que  alquila  botes,  por  si  podía  llevarnos 
hasta  el  barco,  y  nada;  no  tenía  ni  uno  dis- 
ponible. Di  las  gracias  a  Pedro  el  botero  y 
nos  alejamos,  sin  esperanzas  de  arribar  al 


—  36  - 

lado  de  nú  padre,  y  por  lo  tanto  sin  la  espe- 
ranza de  casar  me  y,  como  es  lógico,  sin  la  otra 
esperanza.  Después,  huímos  a  Jerez;  luego  a 
Sevilla,  y  por  último,  aquí,  a  A  Igeciras,  don- 
de llegamos  sin  una  peseta.  Y  menos  mal 
que  en  este  Club  nos  admitieron.  Y  a  todo 
esto,  mi  papá  sin  contestar,  ni  a  las  cartas 
ni  a  los  telegramas.  ¡Cuando  digo  que  estoy 
cansado  y  que  ya  no  puedo  másl 


ESCENA  IV 

JUANÍTO  y  por  la  izquierda  PAUL1TA.  Traje  a  la  marinera 
con  gorra 

Pau.  Pero  ¿qué  haces  sentado  con  la  bandeja  en 

alto? 
Jua.  (Reparando.)  ¡Pues  es  verdad!  ¡Por  algo  decía 

yo  que  estaba  Cansado.  (Deja    la    bandeja   sobre 
el  velador.) 

Pau.  Es  que  desde  hace  dos  días,  estás  como  aton- 

tao. 

Jua.  ¿Dos  días  nada  más? 

Pau.  Dos;  los  mismos  que  hace  qoe  llegó  aquí  la- 

mujer  de  ese  don  León.  ¡Ese  vejestorio,  que 
lleva  encima  más  pintura  que  el  cuadro  de 
las  lanzas! 

JUA.  (se  levanta,  asustado,  mirando  a  todas  partes.)  PaU- 

lita;  por  lo  que  más  quieras,  no  hables  alto, 
que  me  pierdes. 

Pau.  ¡Ah!  pero  ¿es  mentira? 

Jua.  ¡Paulita!  que  si  te  oye  el  marido,  has  dictao 

mi  sentencia  de  muerte.  ¡Mira,  que  tú  no 
sabes  quien  es  ese  tío!  ¡Mira,  que  anteayer 
en  el  Casino,  levantó  un  piano  y  esta  ma- 
ñana en  la  fonda,  levantó  doce  hombres. 

Pau.  ¡Qué  barbaridad!  ¿Y  cómo  los  levantó? 

Jua.  Dando  golpes  en  las  puertas. 

Pau.  ¡Pues  es  un  tío  dando  golpes! 

Jua.  ¡Kl  espanto!  ¡Figúrate,  si  te  oye  y  me  da  un 

puñetazo!  ¡Mañana  estoy  en  el  estómago  de 
un  niño  pequeño! 

Pau.  ¿Por  qué? 

Jua  .  Porque  me  hace  harina  lacteada. 

Pau.  Pues  que  le  gustas  a  su  mujer,  no  me   lo 

negarás. 

Jua.  No  te  lo  niego;  me  encuentra  guapo. 


-  37  — 

Pau.  Alábate,  pavo! 

Jua.  ¡Me  encuentra  apuesto!  ¡Me  encuentra  ga- 

llardo!.. 

Pau.  ¿Y  si  se  entera  el  marido? 

Jua.  ¡Si  se  entera  el  marido,  no  me  encuentra, 

porque  me  voy  a  los  Dardanelos.  Ahora, 
que  yo  te  juro  que  por  mi  parte,  ni  mirar- 
la; pero  ella  es  de  una  tenacidad  que  mata. 
¿Qué  dirás  que  me  llamó  esta  mañana? 

Pau.  ¡Qué  se  yo! 

Jua.  Monada  salobre. 

Pau.  ¡Ay,  mi  madre!  ¡A  esa  tía,  la  dejo  yo  sin 

abuelos!  » 

Jua.  Broncas  con  la  familia,  no.  ¡Cálmate,  Pau- 

lita;  por  nuestro  amor  te  lo  pido,  ya  que  el 
pobre  no  puede  «er  más  desgraciado! 

Pau.  A  mí,  lo  que  me  extraña,  es  que  no  te  con- 

teste tu  padre. 

Jua.  Esto  debe   obedecer  a  alguna  maquinación 

de  mi  tío,  pero  ten  espeíanza:  aquí  hemos 
caído  en  gracia  y  en  poco  tiempo  reunire- 
mos para  los  pasajes. 

Pau.  ¡Ay,  Juanito,  yo  necesito  casarme  en  segui- 

da; comprende  mi  situación! 

Jua.  ¡Pues  y  lamía!  En  fin,  es  la  hora  de  ensa- 

yar al  orfeón.  ¡Ya  creo  que  vienen  ellos  y 
ellas! 

Pau.  Voy  a  terminar  mi  trabajo.  ¡Y  cuidadito  con 

la  Cacatúa.  (Vase  por  la  izquifrda.) 

Jua.  Vete  tranquila:  esa  no  me  pica. 


ESCENA   V 

JUANITO.  Segundas  tiples  vestidas  como  Paulita.  CORO  DE  SEÑO- 
RAS como  Paula  uuas  y  otras  de  doncellas  de  Hotel  y  el  CORO  DE 
CABALLEROS,  de  marineros,  excepto  tres  o  cuatro  que  saldrán  de 
frac.  Salen  por  todos  los  términos  libres.  Entre  ellos  vienen  MESA  y 
RAFAEL 

Gam.  1.a      Aquí  nos  tienes  ya. 

Jua.  Perfectamente.  Pues  colocaos  por  cuerdas, 

para  empezar.  A  ver:  ese  alto,  que  es  bajo, 
aquí.  Tú,  que  eres  segunda,  la  primera  aquí. 
¿Estamos? 

Todos         Sí. 

Jua.  Pues  afinación  y  la  letra  muy  clara,  (se  colo- 

ca en  el  centro  y  dirige.) 


38  — 


Música 

Unos  ¡Ohé! 

Oíros  [Ohé! 

Todos  ¡Ohé! 

Jua.  Me  dan  nostalgia  las  flores- 

Ios  montas  me  hacen  soñera 
los  ríos,  son  mis  amores; 
la  mar,  me  gusta  la  mar. 

Coro  ¡La  mar! 

¡Me  gusta  la  mar! 

Jua.         •       La  mar,  estando  tranquila, 
pues  si  se  llega  a  encrespar, 
y  se  levanta  galerna, 
entonces  sí  que  es  la  mar. 

¡Ola  que  se  alza 
como  un  castillo! 
¡Ola,  que  brava 
tumba  un  barquillo! 
¡Ola  que  a  un  buque 
lo  resquebraja! 
¡Ola  que  sube! 
¡Ola  que  baja! 
¡Ola  inclemente! 
¡Ola  infernal! 
¡Ola  imponente! 
¿Hola,  que  tal? 
Muy  mal. 

Mi  barco  cala  las  aguas 
y  las  cala  sin  cesar 
y  es  .velero  y  es  airoso 
lo  mismo  que  un  calamar. 

¡La  id ar! 

¡La  mar! 

Hablado 

Está  sabido.  Pero  os  falta  expresión.  Fijar- 
se que  es  un  canto  al  mar;  por  eso  quiero 
que  os  empapéis  bien  y  que  le  deis  además 
a  las  frases  todo  su  vakr.  Por  ejemplo  eso 
de  «La  mar...  la  mar...»  que  os  salga  jugo- 
sa; que  se  note  la  humedad.  ¿Me  compren- 
déis? 
Todos         Sí,  sí. 


Todos 


Jua. 

Todos 

Jua. 


Todos 


Jua, 


—  39 


ESCENA  VI 


DICHOS,  DCN  CASTO,  DON  LEÓN  y  BARBARA,  fondo  derecha 


Casto 


Bar. 
Casto 


BAr. 


Casto 
M*r.  l.o 
León 
Mar.  2.o 
León 


Mesa 
Raf. 

JüA. 

León 

Casto 
Bar. 


Jua. 

Casto 
Jua. 

BAr. 
Jua. 


C  *  sto 
Jua. 

Casto 
Jua. 


Nada,  nada;  un  deseo  de  usted,  es  una  or- 
den. (^Todos  abren  paso,  colocándose  en  ambos  late- 
rales.) 

¡Por  Dios,  señor  Presidente! 
A  ver:  cuatro  de  vosotros:  colocar  ese  bote 
en  los  pescantes,  echarlo  al  agua  y  acercarlo 
al  embarcadero. 

¡Cuánta  atención!  (Cuatro  marineros  se  acercan  al 
bote  de  cartón  y  figura  que  intentan  cumplir  la  orden 
pero  no  pueden.) 

¿Qué  pasa? 

Que  cuesta  un  poco  trabajo. 

A  ver;  quitarse.    . 

Si  con  dos  masque  ayuden,  basta. 

¡Quitarse  he  dichol  (Todos  se  apartan;  don  León, 
llega  al  sitio,  coge  el  bote  con  una  mano,  lo  levanta, 
cruza  la  escena,  llega  al  embarcadero,  figura  que  lo 
deja  en  el  agua.  La  estupefacción  es  indescriptible.) 

¡Qué  bárbaro! 
¡Qué  bruto! 

¡Qué  tío  pa  un  astillero!  ¡Que  le  den  barqui- 
llos a  este! 

(a  Bárbara.)  Cuando  gustes,  puedes  dar  el  pa 
seo  por  la  bahía. 

Le  acompañarán  dos  marineros. 
No,  p  ra  qué;  yo  reaio  muy  bien.   Con  uno 
me  basta.  Que  venga  aquel,  (señalando  a  Jua- 

nito.) 

(¡Dios  mío!  ¡Yo  sobre  las  olas  con  esa  lu- 
bina!) 

Acompáñala. 

¡Mire  usté  que  yo  creo  que  el  balanceo,  me 
da  mareo! 
No  importa. 

Mire  usté  que  si  no  remo  bien  y  el  mar  se 
encrespa,  nos  vamos  a  poner  hechas  una 
sopa. 

¿No  la  ves  que  es  un  plato? 
íáí,  un  plato;  pero  acuérdese  usted  de  la  sopa, 
Vamos. 

(Dándole  el  brazo  y  figurando  que  baja  al  embarca- 
dero.) ¡Dios  mío!  ¡Un  tiburón  que  nos  coma! 


—  40  — 
Casto  Y  vosotros,  cada  uno  a  su  servicio.  (Hacen 

mutis:  Bárbara  y  Juanito,  por  el  embarcadero;  don 
Casto  y  don  León,  fondo  derecha  y  los  demás,  por 
distintos  lados.) 


ESCENA  VII 

Por  la  izquierda,  PAULA,  PRUDENCIA  traje  de  calle  y  sombrero  y 

CESAR,  teniente  corouel  de  Infantería  (de  verano  y  con    bastón    de 

mando) . 

Pau.  (Abrazándola.)  ¡Qué  alegría!  ¡quién  lo  iba  a 

decii ! 

Pkud.  ¡Paulita  de  mi  aluia!  (a  César.)  Perdona,  pero 

más  que  una  amiga,  es  una  hermana;  y 
como  no  suponía  encontrármela  aquí... 

César  Sí,  bija,  si;  es  muy  natural,  (se  sienta,  saca  un 

cigarro  y'lo  encien.de.) 

Prud.  ¡De  modo,  que,  de  camarera! 

Pau.  Sí,  Prudencia.  No  pudimos  embarcar;  nos 

gastamos  el  dinero... 
Prud.  Las  locuras  se  pagan;  acuérdate  que  te  lo 

decía. 
Pau.  Es  verdad.  Si  hubiese  seguido  tu  ejemplo... 

Oye:  (confidencialmente)  ¿y  qué  ha  sido  de   tu 

novio,  del  teniente? 
Prud.  (con  rubor.j  Me  escapé  con  él. 

Pau.  (Asombrada.)   [TÚ! 

Prud.  Yo.  ¡El  cuarto  de  hora  malo  que  tenemos 

todas  las  mujeres! 

Pau.  ¡Es  posible! 

Prud.  Ahora,  que  yo  en  seguida  me  impuse,  ¿sa- 

bes? Reflexioné  que  un  disgusto  así,  podía 
costarle  la  vida  a  mi  pobrecita  madre  y  me 
volví  a  mi  casa. 

Pau.  Eso  es  tener  fuerza  de  voluntad. 

Pkud.  Y  que  lo  digas:  ahora  que  cuando  el  sino  se 

empeña  en  arrastrarte,  no  te  basta  ser  fuer- 
te: al  otro  día,  me  escapé  con  un  capitán 
que  me  hacía  cucamonas. 

Pau.  ¿Qué  me  dices? 

Prud.  Pero  lo  dejé;  lo  dejé,  porque  pensé  en  mi 

pobrecita  madre;  ¿sabes? 

Pau.  Y  te  volviste  a  cn6a  otra  ve z. 

Prud.  ¡Qué  iba  a  hacer!  Me  volví  a  casa  y  en  casa 

me  has  tenido,  hasta  ayer,  que  me  escapé 
con  este  Teniente  Coronel. 


—  il  — . 

Pau.  ¡Pues  hija,  si  tardamos  una  semana  más  en 

vernos,  vienes  con  el  Ministro  de  la  Guerra! 

César  Pero  ¿acabas  de  confesarte? 

Prud.  Sí,  hijo,  sí;  ya  terminé. 

César  (a  Paula.)  ¿A  qué  obedece  que  esté  el  Club 

tan  engalanado? 

Pau.  A  una  gran  fiesta,  que  se  da  mañana,  en 

honor  del  Piesidente  del  Aüeta-(Jlub.  Por 
cierto,  que  mi  novio,  se  va  a  lucir. 

César  ¡Hola! 

PtfUD.  Cuenta,  cuenta. 

Pau.  Ha  ideado  un  orfeón  precioso.  ¡Y  lo  que  yo 

siento,  es  no  poder  lucirme  también;  pero 
no  sé  cantar  ni  bailar... 

Prud.  Porque  no  quietes.  ¿No  te  acuerdas  de  aque- 

llo que  cantabas,  que  era  una  chica  que  te- 
nía muchas  cosquillas  y  nada  más  con  mi- 
rarla empezaba  a  saltar? 

Pau.  ¡Ay,  sí;  ahora  me  acuerdo.  ¿Cómo  hacía? 

¡Ah,  ya  está! 

Música 

Pau.  Soy  una  chiquilla 

nerviosa  de  un  modo 
que  a  mí  una  cosquilla 
me  altera  del  todo. 
Si  me  toca  usted  aquí 
doy  un  salto  sin  querer 
y  si  aquí  me  da  usté  a^í 
en  seguida  echo  a  correr. 
Pues  si  aquí  me  toca  a  mí 
uno  que  me  quiera  mal 
juro  por  el  Sinaí 
que  me  lleva  al  hospital. 

Y  tuerzo  la  vista 

y  aprieto  la  boca 

y  al  cabo  parece 

que  me  vuelvo  loca. 

|Ay!  ¡Ay!  ¡Ay! 
No  me  haga  usté  más  cosquillas, 
se  lo  pido  por  piedad, 
que  me  pongo  nei  viosilla 
y  hago  una  barbaridad. 
(Prudencia  y  César  repiten  el  estribillo.) 

De  día  y  de  noche 
yo  soy  tan  inquieta 


—  42   — 


CÉSAR 

Pau. 

Prud. 

CÉSAR 

Prud. 


Pau. 

Prüd. 


que  estoy  dando  vueltas 
como  una  veleta. 
Una  vez  mi  novio  fué 
y  me  puso  un  dedo  aquí 
y  lts  juro  a  ustedes  que 
no  sé  que  pasó  por  mí, 
que  me  puse  a  tiritar 
y  me  entró  tal  desazón 
que  me  tuvieron  que  atar 
a  la  pata  de  un  sillón. 

Y  todos  decían 

que  había  que  verme 

porque  yo  no  hacía 

más  que  estremecerme. 

¡Ayl  ¡Ayi  ¡Ay! 
No  me  haga  usté  más  cosquillas, 
se  lo  pido  por  piedad, 
que  me  pongo  nerviosilla 
y  hago  una  barbaridad. 

Hablado 

No  sea  usted  tonta  y  cántelo. 
¿Le  gustara  al  tío  ese  de  la  fuerza? 
¡A  la  fuerza! 

Nosotros,  la  dejamos;  tenemos  varias  cosas- 
que  hacer. 

Pero,  volveremos  luego.  Voy  a  telefonearle 
a  mi  madre,  que  estará  la  pobre,  ¡figúrate! 
Estoy  viendo  que  me  voy  a  tener  que  vol- 
ver a  casa. 

Lo  mejor  es  que  otra  vez  que  te  escapes]  te 
la  lleves. 
No  te  creas,  que  ya  lo  he  pensado,  (vansepor 

la  izquierda.) 


ESCENA  VIH 

BARBARA    y   JTJANITO  por  la  escalera  del  embarcadero.    Bárbara, 
trae  cogido  del  brazo  a  Juanito 


Jija.  Bueno;  suélteme  usted,  que  ya  estamos  en 

tierra. 
Bar.  ¿Te  peso,  petisú  submarino? 

Jua.  No  es  que  me  pese;  pero  si  viene  su  esposo,. 

puede  que  me  pese. 
Bar.  Dime:  ¿de  qué  región  eres? 

Jua.  ¿Quién,  yo?  Lasteilano  viejo. 


—  43  — 

Bar.  ¡Tú,  viejo!  ¡Viejo  tú  y  tendrás  lo  más  diaz  y 

ocho  añosl 
Jüa.  Diez  y  seis. 

Bar.  (suspirando.)  ¡Diez  y  seis!  jAy!  ¡Casi,  casi  te 

doblo. 
Jua.  (¡Y  tanto  que  me  dobla!) 

Bar.  ¿Tu  madre,  era  también  castellana? 

Jua.  Castellana  y  guapísima.  Como  que  la  acera 

de  la  calle  donde  vivía  era  un  hormiguero 

de  hombres,  que  aspiraban  al  amor  de  la 

hermos-a  castellana,  como  la  llamaban. 
Bar.  ¿Muchos  hombres? 

Jua  .  Muchos;  y  todos  paseando  por  la  Castellana, 

Bar.  Pues  a  ella  has  debido  salir. 

Jua.  Tengo  también  algo  de  mi  padre. 

Bar.  Y  diaie:  ¿no  te  has  enamorado  nunca? 

Jua.  Nunca.  (¡Si  le  digo  que  sí,  me  clava  los  in 

cisibot-1) 
Bar.  ¿No  ha  latido  nunca  tu  corazón  por  otra 

persona? 
Jua.  ¡Nunca! 

Bar.  Pues  no  seas  tonto  y  déjalo  que  lata. 

JüA.  (Encogiéndose  de  hombros.)  ¡Que  lata! 

Bar.  ¡Qué  rico  eres! 

Jua.  ¡Qué  lata! 

Bar.  Eres  una  manteca. 

Jua.  (Ya  molesto.)  ¡Qué  lata! 

Bar.  ¿A  ti  no  te   gustaría  una  mujer  amorosa, 

apasionada...? 

Jua.  ¿¡Si  fuera  apasionada  y  estuviera  llenita...? 

Bar.  ¡Ay!...  ¡yo  me  desvanezco  de  alegría! 

Jua.  ¡No,  por  Dios!...  ;No  se  prive  usted,  que  me 

pego  un  tiro! 

Bar.  ¡No!...  ¡Matarte  tú,  nunca!  Ábreme  los  bra- 

zos para  que  yo  caiga  én  ellos. 

Jua.  ¡Imposible!  ¡yo  no  puedo  abrir  nada! 

Bar.  ¡Yo  te  los  abriré!  Así,  así;  vida  mía.   (Abra- 

zándose a  él.) 

ESCENA  IX 

DICHOS,  LEÓN  por    la  derecha.  Después,  PAULITA,  por  la  izquier- 
da.  Al  flual,  MESA,  DOÑA  CAROLINA    y  DON  BENIGNO,  por  la  iz- 
quierda   tambiéa 

León  (saliendo)  ¡Qué  es  lo  que  veo!    ¡Bárbara  en* 

brazos  de  ese  langostino! 
Jua.  ¡Atiza!...  ¡el  Rey  del  Desierto! 


—  44  — 

LEÓN  (Avanza  furioso.)  Lo  hago  polvos  de  arroz.  (Fi- 

gura que  ve  venir  a  Pailita.)  Pero,  no;  mejor  es 
lo  que  se  me  ocurre.  ¡Ojo,  por  niña;  diente 
por  canino! 

Jua.  ¡Suélteme  usted,  por  caridadl 

Bar.  ¡Nuncal 

Pau.  (saliendo.)  ¡En  sus  brazos! 

León  En  sus  brazos,  como  tú  en  los  míos.  (La 

abraza.) 

Pau.  ¡Caballero! 

Jua.  ¡Paulita,  no  te  dejes  abrazar! 

P.\u.  Y  tú,  so  sinvergüenza,  ¿por  qué  te  dejas? 

Jua.  Yo,  es  a  la  fuerza. 

Pau.  Pues  a  la  fuerza  soy  yo. 

.Mesa  (Saliendo  cou  don  Casto   y   don    Benigno.)    Ahí    los 

t  ene  usted. 
Ben.  ¡Al  fin! 

Jua.  Ahora  sí  que  no  hay  escape. 

CaRL.  (Dirigiéndose  a  Paula  que  con  don   León  forma  grupo 

a  la  izquierda.)  ¡Perra,  te  voy  a  sacar  los  ojos! 
León  ¿Usteu?  ¿Usted  sacarle  los  ojos  a  esta?  (Le  da 

un  puñetazo,  que  cae  desmayada,  dando  un  grito,  en 
una  silla.) 

Pau.  ¡Me  ha  dejao  huérfana! 

BEN.-  De  esta,  te  mato.  (Se    dirige    a    Juanito,    que   con 

Bárbara,  forma  grupo  a  la  derecha.) 

Bar.  ¡.viátar!...  ¿Matar  usted  a  este!  (saca  un  pequeño 

revólver  y  lo  dispara.  Con  Benigno,  cae  sobre  otra  si- 
lla, dando  un  grito.  Mesa,  acude  en  su  auxilio.) 

Jua.  ¡Suélteme  usté,  que  me  ahogo! 

Bar.  Nada:  mío  o  de  nadie. 

Pau.  ¡Por  Dios,  que  me  ahogo! 

LtiÓN  Nada,  no  te  suelto. 

Jua.  ¡¡Que  me  ahogo!! 

Bar.  Nada. 

Jua.  ¡Aunque  nade,  me  ahogo! 

(Cusdro.  Telón  rápido  de  entrecuadro.  Música  en  la 
orquesta.) 


MUTACIÓN 


—  45 


CUADRO  SEGUNDO 

El  refectorio  de  un  convento  antiguo.  Al  foro,  grandes  ventanales, 
que  dejan  ver  un  jardín  y  parte  de  huerta.  Lateral  derecha,  puer- 
ta de  entrada.  Lateral  izquierda,  puerta  al  interior.  En  el  centro 
de  la  escena,  mesa  tosca  y  larga,  seis  taburetes  alrededor  de  la 
mesa.  I. os  demás  detalles,  a  gusto  del  pintor;  pero  en  un  testero 
un  cuadro  de  San  Simón. 


ESCENA  PRIMERA 

Al  levantarse  el  telón,  FRAY  CARMELO,  FRAY  CANDELA,  FRA\ 
DANIEL,  FRAY  EZEQUIEL,  FRAY  CORONADO  y  FRAY  DOMINGO 
están  sentados  junto  a  la  mesa,  pero  dando  todos  frente  al  público, 
y  saboresn  cada  uno  un  gran  tazón  de  chocolate  con  tostadas,  man- 
teca, bollitos,  etc.  Dentro  se  oye,  acompañado  de  órgano,  el  canto- 
de  Maitines,  entonado  por  un  Coro  de  niños.  Está  amaneciendo,  y  a* 
medida  que  avanza  el  cuadro  se   irá  haciendo  la  luz  más  clara 

Música 

CORO  (interno.) 

¡Oh,  Santo  Dios! 

(Danos  tu  gracia 

y  sálvanos! 

Y  de  las  culpas  y  pecados 
perdónanos. 

Frailes  Dexos  gracias  plenas 

a  San  Cucnfate, 
mojando  bizcochos 
en  el  chocolate. 

Y  luego  empapemos, 
sin  mucho  trabajo, 
tostadas  de  arriba, 
tostadas  de  abajo. 
Pidamos  al  cielo 
nos  dé  bendiciones 
para  que  tengamos 
buenas  digestiones. 

Empapemos. 
Mastiquemos. 
Ingiramos. 
Deglutamos. 


—  46  — 


¡Dóminus  vobiscum! 


Amén! 


¡Qué  aroma  exhalal 
¡Qué  gozo  da! 
¡Qué  gusto  tiene! 
¡Qué  rico  está! 
¡Rebañemos!  ¡Rebañemos! 
¡Que  no  quede  ná! 

Hablado 

Fr.  Car.  ¡Cada  día  le  sale  más  delicioso  el  soconusko 
a  nuestra  excelente  Manuela! 

Fr.  Dom.     Al  hermano  despensero  no  le  sale  tan  bien. 

Fr.  Can.  Yo  neto  en  seguida  cuándo  lo  hace  Fray 
Mateo  y  cuándo  la  Manuela.  Cuando  lo  hace 
el  despensero,  le  sale  claro  o  espeso;  pero  lo 
hace  la  Manuela,  y  ya  se  sabe:  la  Manuela, 
siempre  en  su  punto. 

Fr.  Dan.      Además,  las  tontadas  las  empapa  mejor. 

Fr.  Ez.        ¡Lástima  que  sea  tan  viejal 

Fr.  Car.  En  fin,  alabemos  al  Todopoderoso,  sin  olvi- 
dar a  San  Simón,  glorioso  fundador  de  nues- 
tra Orden. 


ESCENA  II 

L>ICHOS,  por  la  derecha  FRAY  MATEO;  después,  JUANITO  y  PATJ  - 
LITA,   esta  última  vestida  de  hombre 

Fu.  Mat.      ¡Alabado  sea  San  Simón! 

Fr.  C*r.      ¿Qué  hay,  hermano  Mateo? 

Fr.  Mat.  Dos  jóvenes,  casi  dos  niños,  piden  descanso 
y  algo  caliente  que  les  reanime.  Vienen  ex- 
tenuados, rendidos;  da  pena  verlos. 

Fr.  Can.      ¿Dos  jóvenes?;   rento  empezaron  su  calvario! 

Fr.  Car.  HágaUs  entrar,  Fray  Mateo.  (Este  hace  mutis.) 
Haremos  por  ellos  hasta  donde  nos  lo  con- 
sienta nuestra  Orden.  Dar  la  mano  al  caído 
es  precepto  santo.  Asi  lo  dicen  Zacaiías, 
Isídas,  Jeremías  y  Matías. 

Paü.  (Entrando.)  Buenos  días. 

JUA  .  Buenc  S  y  eclesiásticos...  (Se  quedan  en  la  puerta.) 

Fr.  Car.  Pasad,  pasid  sin  miedo,  que  el  Señor  nos 
manda  acoger  lo  misino  al  que  nos  da  una 
dádiva  que  al  que  a  pedirla  viene.  Pasad. 


Fr.  Cor.      ¡Están  alicortados! 

Fr.  Can.      ¡Como  que  son  dos  pollos!  ¡Apenas  tendrán 
los  veinte! 

Fr.  Car.      ¿Venís  de  muy  lejos? 

Jua.  De  Algeciras. 

Fr.  Car.     De  Algeciras  aquí  hay  una  buena  longani" 
za, ¿verdad? 

Fr.  Can.      ¡Riquísima!  Digo,  larguísima. 

Pau.  Treinta  kilómetros  que  hemos  hecho  en  dos 

jornadas. 

Kr.  Dom.     Pero,  ¿habréis  descansado  en  alguna  venta? 

Pau.  Como  era  poco  el  dinero  que  teníamos  y  se 

nos  acabó  el  primer  día,  ayer,  no  nos  qui- 
sieron recibir  en  ninguna  pósala. 

Jua.  Por  eso,  al  divisar  los   muros  de  esta  santa 

casa,  le  dije  a  esta...  dis;o  a  este,  seguramen- 
te ahí  se  apiadaran  d^  nosotros. 

Fu.  Cah.      Y  no  te  has  equivocado. 

Pau.  ¿De  modo  que  podrán  ampararnos  dándo- 

nos algún  alimento,  y,  sobre  todo,  dpscanso? 

Jua.  Las   piernas  se  niegm  a  sostenernos;  nos 

hace  falta  to  la  una  noche  de  reposo. 

Fr.  Car.  En  cuanto  a  lo  primero,  aquí,  el  Pariré  Can- 
dela, que  está  dn  cocina,  se  encargará  de 
ello.  Respecto  a  lo  de  pasar  la  noche  aquí, 
es  necesario  que  lo  autorice  el  Prior,  porque 
es  un  caso  que  esta  fuera  de  nuestros  pre- 
ceptos. Vamos,  hermanos,  a  explicarle  el 
caso  a  ver  qué  dice  su  sabiduría.  En  tanto, 
el  hermano  Candela  les  dará  el  alimento  cor- 
poral. Pronto  salimos. 

Fr.  COR.       Vamos.  (Vanse  todos  los  frailes  por  la  izquierda.) 


ESCENA  III 

JUAN1TO,  PAULITA.  Después  FRAY  CANDELA,  con  los  platos  que 

indica  el   diálogo,  acompañado    por   FRAY    EZhQUIEL  y  DaNIEL, 

que  sacan  el  servicio   necesario  para  la  escena 

Pau.  ¿Ves,  Juanito?  ¿Ves  cómo  Dios  es  bueno? 

Aquí  vamo3  a  comer  y  a  descansar,  y  aun- 
que mi  madre  y  tu  tío  hayan  cogido  nues- 
tro rastro,  no  creo  que  se  detengan  aquí. 
¡Ay,  qué  alegría!  ¡Comer!  ¡Descansarl 

Jua.  Y  que  los  frailes,  se»ún  tengo  entendido, 

se  cuidan  que  es  un  asombro...  ¡Tienen  unas 
despensas!... 


—  48  - 

Pau.  ¿De  veras? 

Jüa.  ¡Verás  qué  cosas  más  ricas  nos  dan:  magras^. 

pollos,  perdices!... 

Pau.  Falta  nos  hace,  porque  yo  tengo  una  debili- 

dad que  me  caigo. 

Jua.  Pues  aquí  te  hinchas. 

Pau.  ¿Y  tú? 

Jüa.  No  me  lo  digas  que  se  me  hace  la  boca  jugo 

de  ternera. 

Fr.  CAN.       (Sale  con  Ezequiel  y  Daniel  )   Ponerlo  todo  ahí   y 

retirarse.  (Lo  hacen.)  Cuando  gustéis,  herma- 
nos. 

Jua.  Somos  primos. 

Fr.  Can.      Hermanos  en  el  Señor. 

Jua  ¡  A h,  vamos!  (Se  sientan  a  la  mesa.) 

Fr.  Can.     Yo  mismo  os  serviré. 

Pau.  ¡Tanta  molestia! 

Fr.  Can.      Es  mi  deber.  (Les  sirve.) 

Jua.  ((omiendo.)  Oiga  usted,  Fray  Candela,  ¿de 

qué  es  esta  sopa? 
Fr.  Can.      ¡La  que  tomamos  nosotros! 
Pau.  ¡Esto  no  es  más  que  pan  y  agua  caliente! 

Fr.  Can.     Y  un  poco  de  sal. 
Jua.  ¡Caray,  ya  podía  tener  siquiera  un  ajo! 

Fr.  Can.      En  este  convento  no  echamos  ajos. 
Jua.  Bueno,  a  mí  déme  usted  otro  plato,  porque- 

yo  soy  poco  sopero. 
Pau.  Y  yo  también. 

Fr.  Can.      (sirviendo.)  Ahí  tenéis. 
Jua.  ¿Qué  es  esto? 

Fr.  Can.      ¡Repollo! 

Jua.  ¿Repollo?  ,.Y  qué  hay  detrás? 

Fr.  Can.      Hongos  cocidos.  ¿Queréis  que  os  los  ponga? 
Jua.  No;  no  nos  ponga  usted  los  hongos,  porque 

como  estamos  comiendo  de  gorra... 
Pau.  Pero,  ¿y  las  magras?...  ¿Y  los  pollos? 

Fr.  Can.  ¡Magras!  ¡Pollos!  Nuestra  Orden  no  come 
más  que  verduras.  En  esta  casa  jamás  ha 
entrado  un  cerdo,  ni  nadie  ha  oído  cantar 
un  ave. 

(Se  oye  en  el  interior  un   kirikikí  de  un  gallo  hermo- 
fiísimo.) 

Jua  .  Oiga  usted,  ¿y  ese  gallo? 

Fr.  Can.      Es  el  gallo  de  la  Pasión. 
Pau.  (¡Pues  sí  que  nos  vamos  a  hinchar!) 

Jua.  Menos  mal  que,  por  lo  menos,  dormir,  dor- 

miremos bien.  (Se  levantan  y  avanzan.) 


-  i(j 


ESCENA  IV 

DICHOS  y  FRAY    CARMELO,  DANIEL,  CORONADO,    EZEQCJIEL  f 
DOMINGO 

Fr.  Car.  Hijos  míos,  venimos  de  hablar  con  nuestro 
padre  Prior,  a  quien  hemos  expuesto  vues- 
tra súplica,  y  nuestro  Padre,  compadecido 
de  vuestro  infortunio,  aunque  la  regla  de  la 
comunidad  no  lo  permite,  os  concede  per- 
noctar aquí  esta  noche. 

Pau.  ¡Ay,  qué  alegrial 

Jua.  ¡Qué  gusto!  ¡Dormir  en  blando! 

Pau.  ¡Descansar  en  una  camal 

Fr.  Car.  Ahora  bien,  como  en  la  Comunidad  no  hay 
más  que  las  doce  camas  de  los  doce  her- 
manos, tú  (a  Juan )  dormirás  con  el  padre 
Candela,  y  tú  (a  paula.)  dormirás  conmigo. 

Pau.  ¡Eh! 

Jua.  ¿Cómo,  cómo?...  ¡Que  yo  me  entere! 

Fr.  Car.  Que  tú  dormirás  con  éste,  y  éste  dormirá 
conmigo. 

Jua  ¡Quiá!  Este  no  puede  dormir  con  usted. 

Fk.  Car.     ¿Por  qué? 

Jua.  Por  que  ronca  mucho,  ¿verdad? 

Pau.  Ronco  de  un  modo  espantoso. 

Jua  .  Y  además  es  muy  nervioso  y  pega  patadas. 

Pau.  ¡Pero  unas  patadas  terribles! 

Fr.  Car.  Estamos  tan  acostumbrados  al  sufrimiento, 
que  eso  que  señalas  es  una  pequenez.  De 
modo  que  si  ronca  y  pega  patadas,  pasaré 
una  nocbe  terrible. 

Jua.  (¡Remaitines,  que  a  este  fraile  no  le  intimi- 

da nada!)  (Dando  un  grito.)  ¡Ay! 

Pau.  ¿Qué  te  pasa? 

Jua  .  Que  no  le  hemos  dicho  aquí,  al  padre,  las 

fiebres  tíficas  que  te  dan  por  las  noches 
después  de  las  diez. 

Paü.  ¡Ah,  sí;  es  verdad! 

Fr.  Car.      ¿Fiebres  tíficas? 

Pau.  Pero  unas  fiebres  que  queman. 

Jua  .  Y  ademáf!,  contagiosas. 

Fk.  Car.  ¡Dormir  con  un  tífico!  ¡Qué  ventura  para 
míf  ¡Gracias,  San  Simón! 

Jua.  Pero,  ¿tan  mai  les  quiere  a  ustedes  San  Si- 

món? 


—  60  — 

Fr.  Can.      ¡Nos  adora! 

Fr.  Cap.      ¡Nos  idolatra!  Y  si  queréis  convenceros,  to- 
mad y  leed.  (Da  un  libro  a  cada  uno.)  Así  OS  da- 

.        réis  cuenta  de  todo. 
Música 

Frailes  En  su  libro  cuarto 

dice  San  Simón 

que  sabe  el  camino 

de  la  salvación. 
Pau.  (  De  modo  que  ahora 

Jua  .  (  vamos  a  leer 

cuál  es  el  camino 

que  hay  que  recorrer. 

Dice  San  Simón, 

oh,  santo  varón. 

Pau.  Suprime  el  jamón  en  dulce 

que  yo  también  lo  suprimo. 
Jüa  .  Pero  si  te  lo  regalan 

no  debes  hacer  el  primo. 
Pau.  Gustándote  una  señora 

que  tenga  la  tez  muy  bella. 
Jua.  Reza  un  Credo,  veinte  Salves 

y  te  puedes  ir  con  ella. 
Los  dos  Si  en  cólera  monta 

el  gran  San  Simón, 

de  fijo,  Dios  Santo, 

que  no  hay  salvación, 

porque  nos  atonta 

y  nos  da  un  sofión 

si  monta,  si  monta, 

si  monta  Simón. 
Todos  Si  monta,  ei  monta, 

si  monta  Simón. 
Los  dos  Dice  San  Simón, 

oh,  santo  varón. 

Pau.  Te  llevas,  cuando  te  cases, 

a  tu  mujer  a  un  retiro. 
Jua.  Y  si  llevas  a  su  madre, 

al  llegar  pégate  un  tiro. 
Pau.  Come  verduras,  acelgas, 

aunque  alguien  te  lo  critique. 
Jua.  Pero  no  comas  repollo, 

que  es  muy  fácil  que  te  pique. 
Los  dos  Si  en  cólera  monta,  etc.,  etc< 


51   - 


Hablado 

Pr.  Car.      Ahora,  hermanos,  elevemos  los  ojos  al  cielo 

y  no  olvidemos  que  es  jueves. 
Fr.  Can.      Oremos  antes. 
Todos         Oremos. 

JUA.  (Mirando  al  reloj   de   pulsera.)    Las  Once  y  CÍnCO. 

¡Qué  tarde  es! 
Fr.  Car.      Oremos. 
Pau.  (a  Juan.)  Tú,  ora. 

Jua.  Las  once  y  cinco;  lo  acabo  de  ver, 

Pau.  Digo  que  ores. 

Jua,  Pues  di  ores,  y  no  ora. 


ESCENA    ULTIMA 

DICHOS  y  FRAY  MATEO.    Después    I  OÑA  CAROLINA  y  DON  BE- 
NIGNO 

Fr.  M„t.      ¡Padre! 

Fr.  Car.      ¿Qué  ocurre? 

Fr.  Mat.  A  medio  kilómetro  de  aquí  ha  volcado  un 
automóvil,  sin  que  hayan  ocurrido  desgra- 
cias, aparte  del  susto  consiguiente,  y  los  que 
lo  ocupaban  solicitan  un  vaso  de  agua  y  un 
breve  descanso. 

Fr.  Car.  ¡No  faltaba  más!  Seguramente  harán  algún 
donativo  a  la  Orden.  Que  entren  en  seguida. 

Fr.  Mat.      Aquí  llegan. 

Fr.  Car.      Pasen,  pasen,  hermanos. 

Jua.  (¡Mi  tío!) 

PaU.  (¡Mi  madre!)  (Corren  a  ocultarse  a  ía  izquierda  en- 

tre los  frailes  ) 
CAROI  .  (Entra    seguida  de  don    Benigno.)    Dispénsenos  la 

Comunidad,  pero  un  accidente... 

Fr.  Car.      Fí,  ya  nos  lo  ha  dicho  el  hermano  Mateo. 

Ben.  De  no  ser  así,  no  nos  hubiésemos  atrevido... 

Fr.  Car.  Esta  casa  es  de  todoe;  lo  mismo  de  los  que 
sufren  un  accidente,  que  de  los  deshereda- 
dos de  la  fortuna.  Precisamente  acabamot 
de  amparar  a  estos  pobres  muchachos.  Hi- 
jos míos,  volveos. 

Pau.  (¡Ahora  va  a  ser  ella!)  (se  vuelve  de  frente.) 

Carol.         ¡¡Paula!! 

Ben.  ¡¡Juanitol! 

Fr.  Cor.      Pero,  ¿se  conocen  ustedes? 


52  - 


Carol. 
Ben. 

JUA. 

Fr.  Car. 
Ben. 

Fr.  Can. 
Ben. 
Fr.  Can. 
Ren. 
Fr.  Can. 

Carol. 

Todos 
Fk.Cap. 

Pau. 


JüA. 

Carol. 

Jua. 
Ben. 

Jua. 

Ben. 

Fr.Car. 

Fr.Ca.v 

Ben. 

Pau. 

Jua. 


¿Que  si  los  conocemos? 

Y  los  vamos  a  hacer  Cisco.  (Les  acomete  ) 

¡Tío,  por  Dios! 

(interponiéndose.)  Pero,  ¿qué  han  hecho? 

Pues  este  sinvergüenza  que  se  ha  fugado 

COn  éBta.  (Por  Paula.) 

Con  este.  (ídem.) 
Con  esta. 
Con  este. 
Con  esta. 

Con  este,  y  con  esta  son  tres  veces  las  que 
lo  repito. 

Hermano,  no  se  incomode;  pero  ese  es  una 
señorita. 
¡Eh! 

¡Una  señorita!  |E  iba  a  dormir  en  mi  misma 
cama!  ¡¡Qué  catráetrofe,  San  Simón!! 
Sí,  es  verdad,  yo  me  he  escapado;  pero  se- 
pan ustedes  que  puedo  alzar  mi  frente  sin 
miedo. 

Porque  yo  soy  un  caballero. 
De  eso,  ya  hablaremos.  Tú  no  tienes  más 
remedio  que  casarte  con  ella. 
¡Claro  que  sí! 

Para  caparte  tengo  yo  que  ser  el  tutor  y  ad- 
ministrador de  los  bienes. 
Todo  lo  que  usted  quiera. 
Entonces,  conformes;  la  Madrid  todos. 
¡Que  el  Señor  les  acompañe! 
Y  no  dejen  de  casar  a  los  chicos. 
Mañana  estarán  ante  el  cura. 
¿Oyes?  Mañana,  ante  el  cura. 
Así  te  tendré  segura. 

(Al  público.) 

Mi  gozo  será  infinito 
si  perdonas  la  diablura 
de  Paulita  y  de  Juanito. 

(Música  en  la  orquesta.— Telón  ) 


FIN    DE    I A    OBRA 


OBRAS  DE  ANTONIO  PASO 


Ea  candelada,  zarzuela  en  un  acto. 

El  señor  Pérez,  ídem  id. 

El  niño  de  Jerez,  ídem  id. 

El  gran  Visir,  ídem  id. 

La  casa  de  las  comadres,  ídem  id. 

Los  diablos  ro.jos,  ídem  id. 

Todo  está  muy  malo,  diálogo. 

!Las  escopetas,  zarzuela  en  un  acto. 

La  zíngara,  ídem  id . 

l<a  marcha  de  Cádiz,  ídem  id. 

El  padre  Benito,  ídem  id. 

Sombras  chinescas,  revista  lírica  en  un  acto 

Eos  cocineros,  saínete  lírico  en  un  acto. 

Eos  rancheros,  zarzuela  en  un  acto. 

Historia  natural,  revista  lírica  en  un  acto. 

El  fin  de  Ro cambóle,  zarzuela  en  un  acto. 

Eas  figuras  de  cera,  ídem  id. 

Alta  mar,  juguete  cómico  en  un  acto. 

Churro  Bragas,  parodia  de  Curro  Vargas. 

Concurso  universal,  revista  lírica  en  un  acto. 

Eos  presupuestos  de  Villapierde.  revista  política  en  an  acto 

Ea  alegría  de  la  huerta,  zarzuela  en  an  acto. 

El  Missisipí,  ídem  id. 

Ea  luna  de  miel,  ídem  id. 

Eas  venecianas,  ídem  id. 

Eos  niitos  llorones,  sainete  lírico  en  un  acto. 

El  bateo,  ídem  id . 

El  respetable  publico,  revista  lírica  en  un  acto. 

Ea  corría  de  toros,  sainete  lírico  en  un  acto. 

El  solo  de  trompa,  zarzuela  en  un  acto. 

El  cabo  López,  ídem  id. 

Ea  virgen  de  la  Euz,  ídem  id. 

El  pelotón  de  los  torpes,  ídem  id. 

El  picaro  mundo,  ídem  id. 

El  trébol,  ídem  id. 

El  aire,  juguete  cómico  en  un  acto. 

Ea  torería,  zarzuela  en  un  acto . 

Gloria  pura,  ídem  id. 

Ea  misa  de  doce,  entremés  lírico. 

¡Hule!,  ídem  id. 

Frou-Frou,  humorada  lírica  od  un  acto 

Ea  mulata,  zarzuela  en  tres  actos. 

Ea  reina  del  couplet,  ídem  en  un  acto 

£1  ilustre  Recéchez,  ídem  id. 

El  aire,  ídem,  id. 

El  rey  del  valor,  ídem  id. 

El  arte  de  ser  bonita,  humorada  lírica  en  un  acto 

Ea  taza  de  té,  caricatura  japonesa  en  un  acto. 

Los  mosqueteros,  zarzuela  en  un  acto. 


Ea  loba,  zarzuela  en  un  acto, 

JLa  hostería  del  laurel,  ídem  id. 

lia  marclia  real,  zarzuela  en  tres  actos, 

ta  alegre  trompetería,  humorada  en  un  acto. 

Tenorio  feminista,  parodia  lírico-muieriega. 

El  quinto  pela©,  zarzuela  en  tres  actos. 

Eos  ojos  negros,  ídem  en  un  acto. 

Mayo  florido,  saínete  lírico  en  un  acto. 

la  república  del  amor,  humorada  lírica  en  un  acto. 

lLa  tribu  gitana,  zarzuela  en  un  acto. 

El  gran  tacaño,  comedia  en  tres  actos. 

IiOS  hombres  alegres,  saínete  lírico  on  un  acto. 

Eos  perros  de  presa,  viaje  en  cuatro  actos. 

El  paraíso,  comedia  en  dos  actos. 

jJEea  culpa!,  disgusto  lírico  original  y  en  prosa. 

Geni©  y  figura,  comedia  en  tres  actos. 

Ea  partida  de  la  porra,  sainete  lírico  en  un  acto. 

La  mar  salada,  comedia  en  dos  actos  y  en  prosa. 

Ea  alegría  de  vivir,  comedia  en  cuatro  actos  y  en  prosa. 

Eos  viajes  de  Gnlliyer,  zarzuela  cómica  en  tres  actos. 

Ea  divina  providencia,  juguete  cómico  en  tres  actos. 

Ea  gallina  de  los  huevos  de  oro,  comedia  de  magia  on  dos  actos. 

El  verbo  «siiar,  opereta  en  un  acto,  dividido  en  un  prólogo  y  dos 
cuadros. 

Baldomcro  Pachón,  imitación  cómico-lírico-satírica  en  dos  actos. 

J'ffista  flora,  comedia  en  tres  actos  y  en  prosa,  original. 

El'1  debut  de  la  chic»,  monólogo  en  prosa. 

El  orgullo  de  Albacete,  juguete  cómico  en  tres  actos. 

Ea  pata  de  gallo,  monólogo  cómico  en  prosa. 

El  potro  Síftvaje,  zarzuela  cómica  en  un  acto. 

Ea  corte  cíe  iuss.ua.  zarzuela  en  dos  actos. 

El  dichoso  verano,  fantasía  lírica  en  un  acto. 

España  Kueva,  profecía  cómico-lírica  en  un  acto. 

El  cabeza  de  familia,  melodrama  cómico  en  tres  actos. 

Ea  Piqueta,  juguete  cómico  en  tres  actos  y  en  prosa. 

El  tren  rápido,  juguete  cómico  en  tres  actos, 

Eos  vecinos,  entremés  en  prosa. 

Mi  querido  Pepe,  juguete  cómico  en  dos  actos. 

.Sierra  Morena,  boceto  de  sainete,  original  y  en  prosa. 

Eas  alegres  colegialas,  zarzuela  en  un  acto. 

El  velón  de  lueena,  magia  en  cuatro  actos. 

Ea  bendición  de  J*ios,  sainete  en  dos  actos. 

El  infierno,  comedia  en  tres  actos  y  en  prosa. 

El  asombro  de  Damasco,  zarzuela  en  dos  actos. 

E5  río  de  oro,  viaje  cómico  en  dos  actos. 

El  viaje  del  rey,  juguete  cómico  en  tres  actos  y  en  prosa. 

Ea  gentil  Mariana,  juguete  cómico  en  dos  actos  y  en  prosa. 

Nieves  de  la  Sierra,  comedia  en  tres  setos  y  en  prosa. 

El  Key  del  TaBíaco,  melodrama  en  tres  actos  y  un  prólogo. 

El  niño  judío,  zarzuela  en  dos  actos,  divididos  en  cuatro  cuadros, 
original  y  en  prosa. 

Eos  cien  mil  hijos  de  San  Euis,  juguete  cómico  en  tres  actos  y 
en  prosa. 

Juanito  y  su  novia,  diablura  cómico-lírica  en  dos  actos,  dividi- 
dos en, seis  cuadros,  original  y  eu  prosa. 


Obras  de  Snrique  Qarcía  Qlvarez 


Apuntes  al  lápiz.  La  torta  de  Reyes. 

Al  toque  de  ánimas.  Los  niños  llorones  (3.a  edición.) 

La  trompa  de  caza.  (2.a  edición.)  La  boda.  (Letra  y  música,) 

Salomón.  La  muerte  de  Agripina. 

La  candelada.  La  cuarta  del  primero.  (Letra  y 

El  señor  Pérez.  música.) 

El  niño  de  Jerez.  El  terrible  Pérez  (4.a  edición,) 

Figuras  del  natural  (revista,)  El  famoso  Üolirón. 

El  gran  Visir.  El  picaro  mundo.  (2.a  edición,) 

La  casa  de  las  comadres.  La  primera  verbena. 

Los  diablos  rojos.  ¡Pobre  España! 

Todo  está  muy  malo!  (2.a  edic.)  Congreso  feminista. 

Las  escopetas.  El  palco  de\  Real. 

La  zíngara.  El  pobre  Valbuena  (6.a  edición  ) . 

La  marcha  de  Cádiz  (13.a  edic.)  El  perro  chico.  (4.a  edición.) 

Sombras  chinescas.  La  reja  de  la  Dolores.  (3.a  edic 

Los  cocineros  (4.a  edición,)  El  iluso  Cañizares.  (3.a  edición ) 

El  arco  iris.  (2.a  edición,)  El  ratón,  (3.a  edición,) 

Los  rancheros  (3.a  edición,)  El  pollo  Tejada.  (3.a  edición.) 

Historia  natural.  El  noble  amigo.  (2.a  edición.) 

El  fin  de  Rocambole.  El  distinguido  Sportsman. 

Las  figuras  de  cera.  La  edad  de  hierro. (Letra  y  música, 

Churro  Bragas  (parodia)  (3.a  edic)  La  gente  seria. 

Alta  mar  (4.a  edición.)  La  suerte  loca. 

Concurso  universal.  Alma  de  Dios.  (5.a  edición.) 

Los  Presupuestos  de  Es-Villa-  Hasta  la  vuelta. 

pierde  (6.a  edición.)  El  hurón. 
La  alegría  de  la  Huerta(11  edic.)  Felipe  segundo. 

El  Missisipí  (2.a  edición.  La  comisaría.  (Reformada,)  (Letra  y 
La  luna  de  miel  (2.a  ediGiÓn.)  música.) 

Las  venecianas.  El  método  Górriíz.  (3.a  edición,) 

Los  gitanos.  Mi  papá.  (2.a  edición.) 


La  primera  cOncpiLsta.  Pastor  y  Borrego.  (2.a  edición.) 

El  amo  de  la  calle.  (Música.)       La  niña  de  las  planchas. 
Genio  y  figura.  (2.a  edición.)        Las  vírgenes  paganas. 
El  trust  de  los  Tenorios.  La  frescura  de  Lafuente.  (2.a 

Gente  menuda.  (2.a  edición.)         edición.) 
El  género  alegre.  (Música.)  La  casa  de  los  crímenes.  (2.a 

El  príncipe  Casto.  edición.) 

El  fresco  de  Goya.  (2.a  edición.)  La  Eemolino.  (2.a  edición.) 
El  cuarteto  Pons.  La  escala  de  Milán. 

Las  cacatúas.  La  conferencia  de  Algeciras 

El  bueno  de  Guzmán.  (Letra  y  El  verdugo  de  Sevilla.  (4.a  edic.) 
música.)  El  último  Bravo.  (2.a  edición.) 

La  catástrofe  de  Burgos.  La  locura  de  Madrid. 

Ideal  festín.  (MÚSÍC3.)  Los  cuatro  Robinsones. 

La  Corte  de  Risalia.  El  cabo  Pinocho.  (Letra  y  música.) 

El  maestro  Vals.  (Letra  y  música.)  Nieves  déla  Sierra. 

Los  chicos  de  Lacalle.  El  Rey  del  Tabaco. 

El  alma  de  Garibay.  El  niño  judío.  (2.a  edición.) 

La  Venus  de  piedra.  (Letra  y  Las  buenas  almas, 

música.)  Juanito  y  su  novia. 

Fúcar  XXL  (Letra  y  músicas 


Precio:  1,50  pesetas